Ejército del pueblo, por el pueblo y para el pueblo

Ejército del pueblo, por el pueblo y para el pueblo

Insensatos aquellos que se atreven a igualarnos con los que han intentado destruir este país.

21 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

El 19 de noviembre de 1863, el presidente de EE. UU., Abraham Lincoln, pronunció su célebre discurso cuatro meses después de la batalla de Gettysburg, que marcó el principio del fin de la guerra civil estadounidense. Fueron menos de trescientas palabras que exaltaron el sacrificio de los valientes soldados, vivos y muertos, que lo entregaron todo por la libertad y la seguridad de su patria. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la tierra.

Colombia es una democracia que tiene futuro, una nación a pesar de sí misma, como la definió el decano de los colombianistas norteamericanos, David Bushnell, en su libro de igual título. Un país que continúa en construcción y avanza esperanzado, a pesar de las vicisitudes que, como hoy, arrecian cual terrible huracán y ponen en vilo toda la institucionalidad. Precisamente, el sostén del Estado social de derecho, junto a las demás FF. MM. y la Policía, es el Ejército Nacional de Colombia, el verdadero ejército del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Grave equivocación cometen quienes afirman que las órdenes de letalidad del Ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles. Es decir que, según ese argumento malintencionado, nuestra fuerza no tiene doctrina militar, ni está cohesionada ni mucho menos aplica principios y valores, pues lo que sugieren estos advenedizos es que somos una horda de salvajes listos para matar.

Grave equivocación cometen quienes afirman que las órdenes de letalidad del Ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles.

Todas las operaciones que hace el Ejército de Colombia están precedidas del arte y el diseño de planes operacionales serios, basados en dos herramientas fundamentales, sin las cuales no es posible enfrentar con las armas de la República a quienes pretenden socavar la seguridad y estabilidad de la nación: la inteligencia militar y la doctrina. Por ello, hoy son dos prioridades para el comandante del Ejército Nacional. ¡Qué tal que no lo fueran!

Es que el asunto de la legitimidad y la legalidad en las operaciones militares no tiene discusión alguna, este ejército es modelo y referente de transparencia en el mundo, pues tiene una tradición de absoluto respeto por los derechos humanos y el DIH. ¡Aquel que deshonre el uniforme responde ante la ley por sus actos!

Somos una institución como cualquier otra en el país, que evalúa a sus integrantes y les exige resultados, pues no es asunto menor “la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional” (art. 217 CN).

En la primera línea de batalla, el soldado se enfrenta a un adversario aleve, traicionero, sin Dios ni ley. Para los que atenten contra estos sagrados postulados constitucionales, la legislación colombiana autoriza el uso letal de la fuerza, es decir, atacar militarmente objetivos lícitos, acatando los principios de proporcionalidad y necesidad militar. Incrementar la dinámica operacional y ajustar la estrategia no significa volver a las malas prácticas del pasado, lo que denota claramente es que las amenazas mutaron, son híbridas y persisten en socavar la tranquilidad del pueblo colombiano y, por supuesto, se deben combatir con efectividad y contundencia.

Insensatos aquellos que se atreven a igualarnos con los que durante décadas han intentado destruir este país pujante; su protervo legado en los campos y ciudades colombianas ha sido de barbarie, desolación, muerte y narcotráfico. ¡Dios bendiga y guarde por siempre a los soldados de tierra, mar y aire!

* Director del Centro de doctrina del Ejército Nacional de Colombia

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