¿Virus y/o hambre?

¿Virus y/o hambre?

En China o en Colombia, las provincias son importantes para controlar la expansión del virus.

29 de marzo 2020 , 03:08 a.m.

Llevo más de 15 días de cuarentena. Me aislé apenas llegué de un viaje por países africanos, después de hacer escala un par de horas en Amsterdam. Hace tres semanas en Lagos (Nigeria), veía pancartas públicas con instrucciones para prevenir el virus, medían la temperatura corporal y gel antibacterial disponible en muchos lugares. Ébola creó la conciencia de no esperar, que lo que le pasa al vecino nos puede pasar. Es más, que ni siquiera somos vecinos, sino que habitamos el mismo planeta, la misma casa.

Estas semanas, varios líderes han expresado esa falta de empatía, sentido de urgencia y, al final, de humanidad; he pensado tanto en las personas privadas de la libertad, las comunidades confinadas por grupos armados, los trabajadores en la informalidad, los enfermos de VIH sin medicamentos disponibles, en todos aquellos que serían los más vulnerables, los últimos en la realización de pruebas y atención prioritaria. Sin embargo, la esperanza es esencial pero se traduce en estrategia, así que hoy sabemos que tenemos que involucrarnos como podamos, esto no da espera y hay que ayudar más allá de nuestras familias, trascendiendo el miedo y la auto-preservación.

Es urgente priorizar a las comunidades más marginadas y aisladas, y responder de inmediato con mecanismos efectivos. En ellas, si hoy surge un brote de la pandemia, no hay ninguna oportunidad de reacción ni contención. Me voy a referir al Pacífico (creo que necesitamos hablar del país más allá de tres o cuatro capitales, por su importancia en la prevención), por ejemplo Timbiquí, un municipio de 26.000 habitantes, al cual solo se puede llegar por vía marítima o aérea. Su riqueza cultural y ambiental contrasta con una población sin acueducto ni alcantarillado (el Plan Todos Somos Pazcífico no ha comenzado todavía ninguna obra, después de ocho años y con los recursos disponibles), sin conectividad (solo un operador de telefonía móvil) y con escasos servicios de salud (hay un centro de salud con tres médicos, 12 camas y no hay respirador). En Quibdó hay tres respiradores; en Buenaventura, una ciudad-puerto con 423.000 habitantes, hay 200 camas de las cuales 10 son de cuidados intensivos y no hay respiradores. En el litoral hoy no se reportan casos de Covid-19, pero ha sido muy limitado (casi nulo) y poco ágil el envío y respuesta de pruebas. La próxima semana es crítica para escalar la realización de pruebas, dotación de camas, equipos y toda la protección para el personal de salud.

En China o en Colombia, las provincias son importantes para controlar la expansión del virus. Volviendo a Timbiquí, la cuarentena refleja no solo la falta de conectividad, la carencia de servicios básicos (e.g. lávate las manos, pero no tienes agua potable), los problemas de orden público y la informalidad, sino una encrucijada tremenda: ¿virus y/o hambre? He acompañado a la alcaldesa de Timbiquí (líder de manos visibles), Yadira Amú, en la gestión para suplir la falta de alimentos y de agua potable. Al momento de escribir esta columna, no hemos logrado ningún apoyo por parte del gobierno y la cooperación nos responde que se acabaron los mercados… la respuesta de todos es que envíe cartas, pero después nunca la contactan y el tiempo pasa, con la angustia e impotencia al poder hacer algo antes de que sea tarde ahora que todavía se puede prevenir.

No podemos permitirnos estas dicotomías centro-periferias, virus-hambre y así, como lo dice la poeta Lynn Nugar en su poema la Distancia, a propósito del Covid-19: “No existe un ellos. Todo lo que pasa, nos pasa”.

Nota: Le deseo todo lo mejor a Luis Guillermo Plata como gerente de esta emergencia.

PAULA MORENO
En Twitter: @paulamorenoz

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