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Pelear con el espejo

Pelear con el espejo

El país está peleando con el espejo, con esa amplia herencia afro e indígena que habita en todos.

20 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Por estos días conmemoramos los 170 años de la abolición de la esclavitud y los 30 años de la Constitución del 91 (con su “nación pluriétnica y multicultural”). Sin embargo, en la coyuntura actual emerge –una vez más– el lenguaje de desprecio, basado en estereotipos que llegan incluso a cuestionar la ciudadanía de las comunidades indígenas y negras.

No se trata solo de Cali o Medellín, es el país entero peleando con el espejo, con esa amplia herencia afro e indígena que habita en todos. En tiempos como estos no manejamos matices, sino que automáticamente encasillamos lo étnico como problemático. No obstante, en época de elecciones o al beneficiarse de recursos extranjeros, expresamos de forma rápida y conveniente que “todos somos”.

Sueli Carneiro, esa gran líder afrobrasileña, cuando le preguntaron sobre política respondió: “Entre izquierda y derecha, yo sigo siendo negra”. Una respuesta contundente y clara ante el oportunismo étnico, en los silencios o los cambios de discurso de los liderazgos. Nos encantan las artesanías en la sala, las prácticas espirituales, las músicas (salsa, champeta, etc.), los bailes, pero todo como decoración, como fetiche cultural. En lo estructural no nos reflejamos, y el espejo se vuelve a quebrar.

Somos más de 10 millones de afros e indígenas que compramos, votamos y aportamos. Estamos en toda la geografía nacional: en el Pacífico, la Amazonia, el Caribe, en Bogotá, Cali y Medellín... cualquier lugar en este país es nuestro ‘hábitat’. Hemos avanzado en equidad racial porque muchos venimos trabajando incansablemente por crear eso que queremos ver.

Recuerdo cuando tenía 17 años, estudiaba en Perugia (Italia) y vi el Ballet de Guinea en el Umbria Jazz. No podía parar de llorar; era verme en esos bailarines africanos como nunca me había visto, con dignidad, grande, sin excusas, sin justificaciones y brillando, porque en Colombia muy poco (casi nada) me hablaba del poder de mi identidad.

Hoy veo las obras de Sankofa Danza Afro y siento lo mismo que cuando vi el Ballet de Guinea. La ciudad de los otros o La mentira complaciente me han ayudado a verme y entenderme, como dice Rafael Palacios, su director, desde una voz de autorreferencia y sin traductores. Igual me sucede cuando veo a Las Chontudas con su revolución estética-política alrededor del cabello natural afro, poderoso e indomable, reivindicando nuestro cimarronaje, y otros tantos procesos que, ya no desde afuera, sino desde aquí, me han llenado de sentido y hoy son referentes internacionales.

Somos cada vez más quienes confirmamos la regla de que tenemos mucho que aportarles a este país y al mundo. En materia de derechos, por ejemplo, el sindicato de trabajadoras domésticas afrocolombianas ha sido el principal motor de la valoración de la economía del cuidado, y fue el que promovió el marco legislativo que mejoró las condiciones para todas las trabajadoras domésticas en el país. Ellas son mi gran referente.

Y ¿qué decir de Ilex Acción Jurídica? Ese colectivo de abogadas negras formadas en las mejores universidades del mundo, que diariamente utilizan el derecho para cambiar las múltiples formas de discriminación sistémica que prevalecen en nuestra sociedad.

Nos falta, pero hemos construido mucho. Faltan relevo generacional en espacios de participación y representatividad política; un nivel directivo en el sector empresarial y académico, así como una tecnocracia que esté haciendo escuela para ejercer el poder desde cualquier ámbito.

Hace unas décadas éramos cientos de ‘excepciones’; hoy somos miles que vamos por más, con la responsabilidad de transformar las violencias y las carencias que bloquean nuestro talento. Como lo dice Lázaro Ramos en su libro En mi piel: al final somos un espejo roto y vamos pegando las partes.

Paula Moreno
@paulamorenoz

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