Pedofilandia

Pedofilandia

Nadie persigue a los patrocinadores de la pedofilia.

06 de enero 2019 , 11:47 p.m.

Fin de puente de Reyes, carreteras llenas, barriga más grande, billetera más pequeña, y una lista de buenos propósitos para el año que comienza. Eso y un montón de noticias que me retumban en la cabeza: desde la metida de pata del presidente Duque con los padres fundadores de Estados Unidos y su crucial papel en nuestra independencia, hasta la posesión de Bolsonaro en un Brasil que se prepara para una limpieza ideológica y de conciencia.

Pero nada me perturba más que las noticias de pedofilia que han salido por estos días en la prensa: la violación y muerte de Angie Nieto en el Meta; las violaciones colectivas de niñas en Argentina y Uruguay; la captura de un hombre que violaba menores en serie en República Dominicana; el profesor que violaba niñas en Bolivia; los mil curas pedófilos en Estados Unidos; y la ejecución en China de ‘Jack el Destripador’, una joyita que violó y ejecutó a once mujeres menores de edad.

Eso por no mencionar la espeluznante cifra de Medicina Legal: 73 niños violados a diario en Colombia. ¿Tres niños cada hora? ¿2.190 niños al mes? ¿26.645 niños al año? Eso es casi 90 veces las muertes de líderes sindicales al año en el país. ¿En dónde está el ICBF, los ministerios, las ONG, la vicepresidencia y todo el Estado?

¿Cómo es posible que 73 mamás enfrenten el drama diariamente de sus niños violados o asesinados, o por desgracia las dos cosas? ¿Todo por culpa de psicópatas? ¿De asesinos al azar? ¿O de una epidemia que se propaga por todos los estratos, como si fuera una especie de plaga medieval?

¿Qué la propaga? ¿De qué depende? ¿De la predisposición de los genes de la loquera? ¿O de los niveles de testosterona de los hombres? Porque una cosa va quedando clara y evidente: las violaciones cometidas por mujeres son casi inexistentes.

Pero si los violadores son casi todos hombres, ¿es solo cuestión de química hormonal? ¿O es un efecto secundario de otras cosas? ¿De la exposición frecuente y repetida a la pornografía? ¿Del sexo en cámara con mujeres que parecen niñas? ¿Del porno sin vellos, que recrea y alimenta fantasías de partes íntimas lampiñas?

¿O serán los efectos secundarios del perreo intenso? ¿De las letras de las canciones de moda, que en medio del ram-pam-pam, acaban con cualquier borona de respeto hacia al otro género?

¿Cómo es posible que se violen 26.645 niños al año en el país y no pase nada? ¿Será un fenómeno inducido? ¿Una moda importada? ¿Un negocio en auge? ¿Quién está ganando dinero con todo esto?

¿Quiénes son los patrocinadores de esa pedofilia? ¿Ya están en la cárcel los dueños de los cuatro hoteles en Cartagena y Taganga, que fueron embargados por estar vinculados con redes de prostitución infantil? ¿Ya están tras las rejas los clientes de la ‘Madame’? ¿Y los dueños de los yates que salen de Cartagena, repletos de niñas, cocaína y trago? ¿Alguien multó al hotel El Prado, por permitir que unas ‘niñas’ visitaran la habitación del senador Ashton?

Detrás de la pedofilia hay un negocio enorme, que no se resuelve con cadena perpetua para los violadores de menores. Una máquina de hacer dinero, que no se detiene con la simple captura de enfermos mentales como Rafael Uribe Noguera y ahora Pastor Gómez Vaca.

¿No debería estar la Uiaf siguiendo y rastreando los dineros de esas mafias de pedófilos? ¿No debería estar la Fiscalía incautando los hoteles y yates, donde confluyen todas esas redes internacionales de pedofilia? ¿No debería crearse un bloque de búsqueda para capturar a productores y distribuidores de pornografía infantil? ¿Cuál es el vínculo de estos negocios con la política?

Los malos no son únicamente los pedófilos. Los verdaderos malos son aquellos que explotan comercialmente a ese grupo de enfermos degenerados, mientras se enriquecen a costillas suyas y de nuestros niños y niñas.

Ya no más fábulas de lobos y caperucitas. Aquí lo que hay es una industria que mueve globalmente 9.800 millones de dólares al año e involucra a más de 200.000 niños en todo el mundo. Esto es puro crimen organizado transnacional. No unas simples manzanas podridas, que merecen la cárcel de por vida.

PAOLA OCHOA
En Twitter: @PaolaOchoaAmaya

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