Los demonios

Los demonios

Cuando algo no tiene explicación, solo queda una opción: el narcotráfico.

10 de noviembre 2019 , 10:24 p.m.

La pregunta me tiene atormentada desde hace rato: ¿por qué Colombia está creciendo tanto cuando los demás países del mundo están pasando un trago amargo? ¿Si hay tormentas económicas en Asia, Australia, Europa y Estados Unidos? ¿Si la recesión cabalga por toda América Latina, especialmente por Venezuela, Brasil, México, Chile, Perú y Argentina?

Y lo que más me atormenta y me martilla: ¿por qué el desempleo sigue subiendo y se ubica en el nivel más alto de los últimos 10 años? ¿Cómo podemos tener la economía más pujante de América Latina y, simultáneamente, estar destruyendo puestos de trabajo? ¿Qué hay detrás de este fenómeno, que el propio gerente del Banco de la República, Juan José Echavarría, calificó en estos días como “extraño”?

La pregunta está en el aire y nadie parece tener una explicación para tan singular fenómeno; tan extraño, eso sí, como una sopa de mondongo sin callos. Y no hay explicación porque tampoco está muy claro de dónde viene el crecimiento, cuyo tacómetro indica que rodamos a una velocidad del 3,5 por ciento, muy por encima del frenadísimo 0,2 por ciento del resto del vecindario.

Hagamos rápidamente un breve recuento: no estamos creciendo por el lado de la industria, que viene marchando por debajo del año pasado; tampoco por la agricultura, que es el patito feo desde hace rato; ni por las edificaciones, que siguen paralizadas en los estratos altos; ni por la infraestructura, que sigue pagando los platos rotos de Odebrecht y apenas está despertando. Solo parece que algo bueno está pasando en inversión y en el sector financiero, pero no tanto para justificar el muy atípico buen momento.

Entonces, ¿qué está impulsando el comercio, que se ha convertido en el gran motor de propulsión de nuestro crucero? Hay algo por la lluvia de remesas, que con el dólar a 3.500 pesos engorda la mesada de quienes reciben plata desde afuera. También hay un empujón por la lluvia de migrantes, a quienes les toca comprar ropa y comida en las tiendas locales. Y, finalmente, está el turismo, que ha crecido 50 por ciento en los últimos cinco años, gracias a que el país se ha vuelto más barato para los turistas europeos y gringos.

Pero nada de eso es suficiente para explicar el crecimiento de Colombia tan superior al del resto. Ni tampoco para entender la masiva destrucción de puestos de trabajo, que está haciendo que el desempleo cabalgue a niveles por encima del 10 por ciento —casi igual que la emproblemada Argentina y mucho más que la rabiosa Chile, en donde el desempleo llega al 7 por ciento—.

Así que vuelvo y hago la pregunta: ¿qué está haciendo que Colombia crezca a niveles que rebasan los del vecindario y del planeta? ¿Y en un momento en que el 90 por ciento de los países están inmersos en la peor crisis económica de la última década? ¿Será acaso por el narcotráfico? ¿Será que tanta remesa y tanto consumo son las utilidades del nefasto negocio blanco?

No olvidemos que hay 200.000 hectáreas de coca y 1.500 toneladas de producción de cocaína; dos guarismos que doblan el récord de la época de Pablo Escobar Gaviria. Y que las hectáreas de coca son ahora cuatro veces más productivas que las de hace cinco años, gracias a la repotencialización de cultivos y semillas. Y que el precio internacional está por las nubes, con nuevos máximos como el gramo de cocaína a 300 dólares en Australia o Nueva Zelanda.

¿Será que el narcotráfico es el eslabón perdido que explica el inexplicable crecimiento de la economía colombiana? ¿Será coincidencia que esto suceda en un momento en el que volvieron las masacres al Cauca y están asesinando a indígenas con sevicia? ¿Cuando hay centenares de invernaderos de marihuana creepy y docenas de laboratorios procesando clorhidrato de cocaína?

¿Será que nos hacemos los ciegos porque no queremos ver? ¿O será que preferimos seguir pensando que Colombia es un lugar extraño que crece inexplicablemente más que todo el universo, mientras por encima de nuestro hombro se siguen destruyendo empleos y puestos de trabajo?

A otro perro con ese hueso.

PAOLA OCHOA​@PaolaOchoaAmaya

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