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La masa

La masa

Se volteó la arepa y nos lo cantó en la cara Poncho Zuleta.

27 de septiembre 2021 , 06:31 a. m.

A ratos es bueno repasar la historia. Para tener un trono en el pasado no se podía tener consideraciones sentimentales. Para ser rey era necesario caminar sigilosamente entre las habitaciones y salones recibidores de las cortes, galantear y prometer, asesinar, envenenar, traicionar, sobornar y declarar la guerra. Cuando había una corona en juego, valía que se cometiera infanticidio, pedofilia, adulterio y homicidio. Se contraían matrimonios por el poder y el dinero, sin que nadie preguntara por la virtud, la dignidad y la moral en juego. Se ejecutaban hermanos, padres y abuelos. Y, de la noche a la mañana, se volteaba la tortilla en el último momento.

Ahora, como entonces, la política es un juego sin escrúpulos. Menos salvaje que el de las casas reales de Europa durante siglos, pero igual de codicioso, oportunista, calculador y frío. Juego que se define por los voltearepas, como bien lo dijo el cantante vallenato Poncho Zuleta durante su más reciente concierto en tierras barranquilleras: “Nicolás Petro, me saludas a tu papá; ya se volteó la arepa”.

Y es que ahora son muchos los que se cambian de orilla moral en esta carrera a la presidencia. Del amor al odio y del odio al amor, como sucede con varios de los que hoy saltan del lado de Gustavo Petro, indestronable en las encuestas y casi triplicando al siguiente en la palestra; es decir, a Sergio Fajardo, un matemático con mucho cerebro, pero sin la magia del carisma y la fuerza de la verborrea que el otro sí ostenta.

En la lista de voltearepas figuran Piedad Córdoba, los nueve congresistas del partido Verde, Luis Fernando Velasco, Roy Barreras, Armando Benedetti y otros tantos que ya presienten un cambio de temperatura en las aguas más profundas de la política electorera, derivada, a su vez, del maremoto de la pandemia.

Como lo presiente también el juglar vallenato Poncho Zuleta, poeta del pueblo, cantor de sentimientos, oído de millones y especialmente observador de la masa… de la masa del pueblo. Masa de la que están hechas las arepas, pero igual masa que se ha ido pasando de derecha a izquierda, masa que no quiere al actual gobierno, masa que ha enterrado a muchos muertos, masa que se sigue empobreciendo, que ha perdido su empleo, que ha sacrificado sus ingresos, que hoy come poco y se divierte mucho menos.

Masa que hoy tiene fincadas sus esperanzas en un cambio radical de sistema, en que la tortilla se vuelva, en que se voltee la arepa, en que los pobres coman pan, y los ricos…, putrefacta jalea.

No es con el cerebro con el que se gana esta contienda. Es con el sentimiento, con las ilusiones de la gente, con la promesa de un futuro en el que todo sea gratis y ambientalmente amigable; promesas y solo promesas…

La política nada tiene que ver con la moral. Ni tiene escrúpulos, sin importar la época, como ahora.

PAOLA OCHOA

(Lea todas las columnas de Paola Ochoa en EL TIEMPO, aquí).

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