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La ciudad de la furia

La ciudad de la furia

El extraño fenómeno de la primera línea.

05 de julio 2021 , 01:49 a. m.

Lo dice un viejo y conocido refrán: toda situación mala es susceptible de empeorar. Estaba cantadísima la pérdida del grado de inversión, ese cotizadísimo certificado de buena paga que el mundo financiero internacional le otorga a una nación. Cantadísima desde hace rato por el desbarajuste en las finanzas públicas, pero sobre todo por la mala fama mundial que nos creamos tras bloquear el país por dos meses largos, en medio de la mayor recesión en 100 años y en el peor momento de la pandemia del covid. Ningún otro país se ha atrevido a ser tan miope.

Soga al cuello que nos echamos por torpes; por incapacidad colectiva para alzar la mirada y anticipar las enormes repercusiones internacionales que tendría tanto despelote: aglomeraciones en las calles, bloqueos de las principales avenidas, parálisis del puerto de Buenaventura, vandalismo en las ciudades, barricadas en las carreteras principales, desabastecimiento de medicinas y mercancías, escasez de alimentos con carestía, desempleo a la orden del día, asesinatos y desaparecidos en medio de machetazos y balas perdidas.

Y lo más exótico para la tribuna extranjera: el extraño fenómeno de la primera línea, un movimiento inflado por los medios y una prensa cada vez más amarillista. Puñado de jóvenes que no representan a la inmensa mayoría no violenta, pero que vienen acorralando a un Estado maniatado por su propia cuenta. ¿Tanta cosa para quitarnos la franquicia de las Farc, como para tener que lidiar ahora con la franquicia de la primera línea?

Primera línea con sucursales en distintas ciudades y con todo tipo de ínfulas: oficina jurídica, objetivos pedagógicos, grupos de ideas, subdivisiones financieras, oficina contable, jardines infantiles y múltiples operaciones en distintas orillas. Sobre todo en Bogotá, donde la cogieron contra TransMilenio y toda su infraestructura; rafagazos de violencia desmedida que traen a la memoria los acordes de Gustavo Ceratti y su 'Ciudad de la furia'.

Porque, como lo decía el sapientísimo Ceratti: es el destino de furia lo que persiste en sus caras bajo la lluvia. Es el destino de furia lo que nos aguarda como país si dejamos que siga tomando vuelo el fenómeno de la primera línea; nada distinto que un grupo de anarquistas que no respeta ni ley ni orden, ni policías ni ciudadanos, ni gobiernos centrales o locales, ni los derechos de los demás, ni la propiedad privada, ni la tranquilidad de la gente corriente. Ni aceptan posiciones o argumentos distintos a los suyos, por lo que difícilmente pueden llegar a ser una fuerza política.

Y lo que es más grave a estas alturas: están arrastrando como borregos a toda una generación de jóvenes, restándoles la posibilidad de plantear alternativas y argumentos, minándoles con la violencia toda posibilidad de liderazgo e influencia. Y, por qué no, arrebatándoles la posibilidad de llegar a ser alternativa presidencial en las próximas décadas.

PAOLA OCHOA
En Twitter: @PaolaOchoaAmaya

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