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¿Industria de pacotilla?

¿Industria de pacotilla?

Urge que las farmacéuticas colombianas salgan al ruedo.

Del amor al odio solo hay un paso y viceversa. Dos sentimientos opuestos que hoy se mueven en el corazón de millones de seres humanos respecto a las compañías farmacéuticas; héroes y villanas de esta tragicomedia que se llama pandemia y cuya lotería se ganaron por derecha las naciones más ricas del planeta, cunas de la ciencia y del desarrollo en la tierra.

Cunas en exclusiva, porque esta pandemia ha puesto de relieve lo que el sentido común ya nos decía: que nuestros laboratorios nacionales son muy buenos importando moléculas, pero no fabricándolas con sus propias uñas. Mientras los laboratorios de México y Argentina producirán 250 millones de vacunas de AstraZeneca y Brasil fabricará 120 millones de vacunas de Sinovac, los laboratorios colombianos no harán ninguna.

Cruzados de brazos en una pandemia que tiene contra las cuerdas al Gobierno colombiano —convidado de piedra en la carrera mundial por las vacunas—, los laboratorios colombianos miran desde la tribuna cómo sus pares en el vecindario están en primera fila de atención a la ciudadanía. Fabrican, producen, exportan, generan millones de empleos y se autoabastecen de vacunas contra el covid-19. En Colombia solo esperamos a que las manden de otros lados, pues con la industria nacional no se pudo hacer un caldo.

No fue así en el pasado. Hace un siglo producíamos y exportábamos vacunas contra la rabia, la viruela, la tuberculosis y el cólera. Pero la producción se estancó por falta de billete, malas decisiones políticas, corrupción en el sector salud, carteles de enfermos que nunca existieron y desidia frente a la inversión en ciencia y tecnología.

Hoy saltan a la vista todas esas consecuencias, pues al parecer somos incapaces de fabricar vacunas contra el covid-19. Con una agravante nada menospreciable: que nos cogió la noche para negociar con las grandes farmacéuticas y estamos de últimas en la lista de vacunas. Bolivia, Costa Rica, Chile, Perú, Ecuador, Panamá, Brasil, México y Argentina ya están vacunando, mientras Colombia aún no ha comenzado.

De ahí que 'The Economist' proyecte que solo a finales de 2022 Colombia estará vacunada contra el coronavirus. Cosa que sucederá en Venezuela, pero hasta finales del año 2023, pues a los vecinos no les alcanzó el presupuesto ni para negociar a través de Covax. La frontera seguirá siendo uno de los mayores flancos abiertos para la multiplicación de los contagios, así como para las nuevas variantes que cambian a la velocidad del rayo.

No estamos tan mal como Venezuela, pero tampoco le damos a los tobillos a mexicanos, argentinos y brasileños con sus poderosas —y autosuficientes— industrias farmacéuticas. Urge que los laboratorios colombianos salgan al ruedo, pues se nos vienen más pandemias, como pronosticó hace unos días la Fundación Bill and Melinda Gates.

Por lo pronto, les espera otro trabajo: la fabricación de somníferos, antidepresivos y ansiolíticos, las tres medicinas que más vienen demandando para la cabeza los colombianos.

PAOLA OCHOA

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