Felipe Córdoba

Felipe Córdoba

Necesitamos un contralor que produzca resultados y no otra ‘vedette’ de los medios de comunicación.

21 de agosto 2018 , 12:39 p.m.

Apreciado doctor Córdoba:

Felicitaciones de antemano. Hoy será su elección como contralor general de los colombianos. Llega usted a la entidad más importante para el control de las finanzas del Estado. Al único organismo con todos los dientes y herramientas para encontrar los dineros que torcidos y corruptos le arrebatan al fisco colombiano. Esos mismos dineros que salen de nuestros bolsillos vía impuestos, pero que terminan en las arcas de pícaros y malandros.

Llega usted a la Contraloría en medio de un espectáculo cantinflesco. De un proceso de selección que se convirtió en un ‘reality’ televisivo, con todos los ingredientes morbosos que hicieron las delicias de los medios de comunicación: exámenes dudosos, cambios en la ponderación de los puntajes, declaraciones inquietantes del saliente contralor, intrigas de terceros y mucha politiquería por cuenta de los partidos políticos.

Ojalá que para lograr los 150 votos que necesitaba en el Congreso como mínimo no haya entregado a cambio lo más sagrado de su nuevo dominio: las 12 delegaturas para temas específicos y el centenar de contralorías municipales y departamentales.

Tiene usted, para empezar, la enorme responsabilidad de nombrar un buen contralor delegado para el Medio Ambiente. Así se lo ordena la Constitución, en el artículo 267: valorar los costos ambientales de toda gestión o falta de gestión de las entidades que ejecutan el presupuesto. No olvide que los recursos naturales son el patrimonio más importante que tenemos los colombianos. Y es su deber constitucional velar por la protección de estos.

Métale durísimo el diente a todas las entidades que están deforestando. Hay 220.000 hectáreas en el país que se están acabando cada año. Eso equivale a arrasar anualmente 20 parques del tamaño del Simón Bolívar. También nos estamos quedando sin nevados, sin glaciares y sin páramos. Necesitamos una contraloría que proteja la biodiversidad, los nacimientos de agua y los recursos naturales colombianos.

Que no nos pase lo de Ecuador, donde se ha destruido el 40 por ciento de la selva amazónica ecuatoriana por falta de control del Estado. Lo mismo que en Guatemala, donde ganaderos y empresarios están destrozando la península de Yucatán y se están comiendo la Riviera Maya.

Usted está en la obligación moral de meterles el diente a las Corporaciones Autónomas Regionales. No hay derecho a que los bogotanos estemos pagando un impuesto predial que se ha multiplicado por cinco en los últimos diez años mientras la contaminación del río Bogotá no hace sino empeorar cada año. Ya no es un río, sino una letrina de 7 millones de personas. Y nada que se construyen las plantas para el tratamiento de agua residual. Pero le siguen destinando el 15 por ciento del impuesto predial a la CAR.

También póngale el ojo al Ministerio de Minas, que no ha podido encontrar una solución definitiva al tema de la minería ilegal. Una minería que está acabando con muchos ríos del país, en particular con el Cauca, que recibe miles de toneladas de mercurio que envenenan a niños y acaban con los peces y la fauna.

Póngale el ojo al nuevo tema del ‘fracking’. Esta práctica no es necesariamente mala para el país, siempre y cuando exista una contraloría capaz de vigilar que se hagan las inversiones necesarias para mitigar los riesgos medioambientales.

Que no nos pase con el ‘fracking’ lo mismo que con el carbón en Santa Marta: que por la falta de controles ambientales se contaminaron todo el mar y toda la playa. Un desastre de los contralores de turno, que se morían de susto de meterse con los ricos y poderosos dueños de la Drummond.

También métase, por favor, con los concesionarios viales. Para que no sigan pagando más sobornos a través de consultorías ficticias en Panamá, ni con contratos de movimientos de materiales, los cuales son hechos con empresas falsas —o de papel— en diferentes ciudades colombianas.

Señor contralor: usted tiene la mayor facultad dentro del Estado para perseguir los capitales en el exterior. Usted es el que tiene la competencia para dar órdenes de embargo y perseguir recursos internacionales. Métales la ficha a todos esos pagos que se han hecho a través de Panamá, para costear sobornos y financiar campañas. Y siga —como en Brasil— todas las cuentas bancarias, para saber quiénes fueron las últimas personas que recibieron coimas por debajo de tablas.

La Contraloría le cuesta al país unos 400.000 millones de pesos al año, pero no le entrega nada a cambio. ¿O cuántas investigaciones han terminado con plata efectiva en las cuentas del tesoro nacional? ¿Cuántas más han sido objeto de escándalos, pero no le generaron ni un centavo? ¿Cuántos casos como el de Saludcoop no han servido ni para recuperar el dinero que se feriaron?

Fíjese metas, señor contralor: usted debería recuperar, como mínimo, entre 1 y 3 billones de pesos al año. Si no lo logra, debería tener la altura y la decencia de renunciar a su cargo. Porque los colombianos queremos un contralor que produzca resultados, no uno que salga en los medios de comunicación colombianos.

Porque esto no es una carrera política ni un trampolín para llegar a otros lados. Todo lo contrario, es un sitio donde se sacrifican los intereses personales para defender los del ciudadano colombiano.

PAOLA OCHOA@PaolaOchoaAmaya

Columnistas

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