El elefante en la habitación

El elefante en la habitación

Nadie quiere ver la epidemia de Sida que se nos viene de Venezuela.

14 de octubre 2018 , 11:49 p.m.

Los gringos tienen una frase maravillosa para describir algo que todos conocen pero de lo que nadie se atreve a hablar: el elefante en la habitación (‘the elephant in the room’). Una metáfora que cae como anillo al dedo en un tema espinoso sobre el cual nos estamos haciendo los ciegos: la epidemia de Sida que azota a Venezuela y que amenaza con llegar a nuestro suelo.

Nadie en Colombia quiere hablar de eso. O nadie quiere ver la gravedad de ese hecho. Pero lo cierto es que los vecinos están viviendo una epidemia de VIH-Sida que está fuera de control. Y que amenaza con llegar a Colombia como está sucediendo con la aftosa, la difteria y el sarampión. Enfermedades que regresaron al país después de muchísimos años, cortesía del desastre chavista que destrozó a Venezuela y está generando la creciente avalancha de migrantes hacia nuestra tierra.

Pero ahora se trata de algo mucho más grave: el VIH-sida, una enfermedad para la cual no existe vacuna ni cura definitiva. Se calcula que existen 130.000 venezolanos con el Virus de Inmunodeficiencia Humana. Pero solo el 10 % está usando antirretrovirales, según estimaciones de Onusida. La gran mayoría –90 % de los infectados– no tiene acceso a medicamentos desde hace cuatro años. Y la razón es que el gobierno de Nicolás Maduro se quedó sin plata para poder importarlos.

Se trata de un problema gigantesco: las muertes por sida en Venezuela aumentaron 75 % desde 2011, debido a la falta de medicamentos antirretrovirales. Y ahora con los flujos de migración masiva, se espera un contagio a lo largo y ancho de toda América Latina.

Una epidemia mortífera cuya puerta de entrada serán las fronteras colombianas. Y cuyo vector de contagio serán los miles de mujeres venezolanas y jóvenes que se están prostituyendo en nuestras caras. Todo bajo la mirada indiferente de nuestros hombres y de la clase política colombiana.

Basta mirar lo que está ocurriendo en las calles bogotanas: una de cada tres prostitutas es venezolana. Así lo confirmó un estudio realizado por la Secretaría Distrital de la Mujer y el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género de Bogotá. Una radiografía que se repite en varias ciudades colombianas a donde están llegando a prostituirse venezolanas entre los 16 y los 35 años de edad. Eso como consecuencia de la falta de oportunidades de trabajo y el hambre acumulada tras décadas de revolución bolivariana.

Los números marcan la pauta: una trabajadora sexual venezolana en Colombia puede ganar en una hora el equivalente al salario mínimo de un mes en Venezuela. Así lo calcula la revista ‘The Economist’ en un reportaje en que alerta sobre los peligros de la oleada de mujeres provenientes del otro lado de la frontera. Allí se estima que unas 4.500 prostitutas venezolanas se encuentran trabajando actualmente en Colombia.

El lío es que muchas de ellas son portadoras del VIH. El doble lío es que no reciben antirretrovirales desde hace cuatro años. El triple lío es que no pueden pagar el costo de esos tratamientos, los cuales cuestan al año entre 10.000 y 30.000 dólares americanos.

Yo entiendo que este tema sea complicado. Y que optemos por no verlo porque nos da miedo entrar en pánico. Pero hay que hacerle frente rápidamente y ponerle el cascabel al gato. Estamos ‘ad portas’ de una epidemia de sida que puede ser más problemática y costosa que cualquier otro problema reciente que hayamos enfrentado.

El problema es para nuestras nuestras familias y para el Estado colombiano. El Gobierno está en mora de iniciar campañas masivas de educación sexual, de distribución de preservativos y de circuncisión para los hombres homosexuales. Tres maneras efectivas para prevenir el contagio, según los estudios epidemiológicos. Hay que darse prisa rápido: tenemos un elefante enorme en la habitación de al lado.

PAOLA OCHOA
En Twitter: @PaolaOchoaAmaya

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