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Cacique y rebelde

Cacique y rebelde

César y Alejandro Gaviria: la embriaguez por el poder.

21 de noviembre 2021 , 09:45 p. m.

Quien más tiene, más quiere: ambición desmedida de los grandes jefes pluma blanca de la política colombiana, renombrados caciques del centro, derecha, izquierda, norte, sur y de todas las coordenadas partidistas que conducen hacia el enigmático Palacio de Nariño con sus intrigantes y oscuras calles aledañas.

Plano cartesiano de emperadores de todas las tallas y marañas, como el Moctezuma del Partido Liberal, César Gaviria, enfrentado desde su púlpito con quien fuera hasta hace poco su mejor flecha para llegar nuevamente a la presidencia de la república: el intelectual, académico y sapientísimo Alejandro Gaviria.

Y ahora también rebelde, con tendencia a kamikaze y a los ataques suicidas. Pues a riesgo de perder un millón de firmas para su candidatura y de extraviar los votos de los grandes varones regionales, Alejandro Gaviria se declaró en rebelión abierta contra el intocable cacique de los seudosabios liberales.

Ataque de independencia salvaje que le llegó tarde, pues parte del voto de opinión ya no come cuento de tanta inocencia repentina, menos cuando se está de quinto en las encuestas y con una cuarta parte de la intención de voto del candidato que las puntea. ¿Rebelión tardía o cálculo oportunista?

Encrucijada que tiene a Alejandro Gaviria contra las cuerdas y jugándose su pellejo frente a una poderosa fuerza: el peso propio de los auténticos domadores de fieras. A diferencia del Moctezuma liberal, el exministro de Salud no tiene capital político, ni clientelas forjadas, ni fortunas amasadas ni siquiera una chanfa futura asegurada. ¿O qué institución querrá contratarlo ahora como capitán, tras tirar la rectoría de los Andes por la borda, dejándose seducir al primer canto de las sirenas políticas en altamar?

Sirenas entonadas por ingenuos estudiantes de universidad, que poco conocen de la política de verdad, que no dimensionan la vanidad de los soberanos que gobiernan desde hace décadas a los partidos políticos colombianos, entre ellos el emperador César Gaviria y su constelación de estrellas del Partido Liberal.

Mandar es más difícil que obedecer y por eso al césar lo que es del César, pero también por eso resulta doblemente extraño que dos golpes le hayan sido propiciados en menos de lo que canta un gallo: Juan Manuel Galán —quien lo acusó de traidor de los ideales de su papá— y Alejandro Gaviria, quien le dio un portazo frente a todos los sumisos soldados del Partido Liberal.

Dos golpes en sincronía que podrían poner a tambalear al septuagenario César Gaviria; incuestionable cacique que hace unos meses vociferaba que un ministro de Hacienda era más peligro que Pablo Escobar y que calentaba las cabezas de todo un país de cara al gran paro nacional. Todo por una reforma tributaria que no se equiparaba en ningún plano con las maldades del temible capo de la mafia, pero que proclamaba como maldita desde su púlpito de capo del Partido Liberal.

Salida en falso entonces y salida en falso ahora con el secuestro de las firmas para Alejandro, pero en ambos casos marcadas por la soberbia de quien lleva bebiendo del poder durante tres décadas completas.

PAOLA OCHOA

(Lea todas las columnas de Paola Ochoa en EL TIEMPO aquí).

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