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Aprendiz de brujo

Aprendiz de brujo

Venezuela vacunando y Fecode, atrincherado.

Paradojas del destino: estamos acogiendo migrantes venezolanos porque los vecinos están llevados del diablo, pero Venezuela ya comenzó a vacunar contra el covid mientras Colombia sigue esperando. ¿Quién le saca la lengua a quién? ¿Duque a Maduro o Maduro a Duque? ¿Empate técnico o contragolpe del régimen venezolano? ¿Casualidad o palanca de Moscú con la Sputnik?

El hecho es que una docena de países latinoamericanos ya están inmunizando a sus ciudadanos, mientras Colombia sigue esperando a que aterrice el primer avión con las primeras vacunas para los primeros 35 millones de colombianos. Dosis que llegarán con cuenta gotas, a juzgar por las primeras 50.000 vacunas de Pfizer, mitad de lo que recibió Venezuela durante este fin de semana pasado.

De ahí que 'The Economist' vaticine cobertura en vacunación para Colombia solo hasta finales de 2022. Dos años largos que seguirán siendo palo en la rueda para la recuperación del empleo, bolsillo, economía, salud y educación de 50 millones de colombianos. ¿Puede retrasar Fecode el regreso a clases de los niños por otros dos años? ¿Vamos a dejarlos? ¿O nos quedamos contemplando el abismo que se profundiza con los niños de los colegios privados?

Porque una cosa es que no podamos hacer nada para agilizar la entrega de las vacunas, pero otra muy distinta que nos quedemos de brazos cruzados con la educación de nuestros pelados. ¿Quién influye realmente sobre la vida de nuestros hijos? ¿Quién manda hoy en nuestros salones de clase? ¿El Ministerio de Educación y los padres de familia, o los señores de Fecode? ¿Ocho millones de niños y 7 millones de padre de familia, o 270.000 maestros sindicalizados?

Que seamos los últimos en la fila de vacunación no tiene que hacernos los más tarados en materia de educación. Centenares de estudios demuestran la

importancia del regreso presencial a clases, docenas de comunicados de la Unesco y Unicef abogan por reabrir las escuelas, y media humanidad reconoce hoy que volver al colegio conlleva más beneficios que riesgos.

Todos concuerdan en lo mismo, menos Fecode. Atrincherados en que no hay condiciones para volver a clases, siguen buscando excusas sin proponer soluciones. Tienen encarcelado el derecho a la educación de los niños más vulnerables y pobres. ¿Cómo hacer que ese aprendiz de brujo vuelva a casa y retorne a su vocación original de enseñar a los más jóvenes?

A esto le faltan otros dos años, como pronostica 'The Economist'.

PAOLA OCHOA

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