VIH y migración: algunas precisiones necesarias

VIH y migración: algunas precisiones necesarias

Las consecuencias del estigma van desde la exclusión hasta la violencia física y sexual.

02 de diciembre 2019 , 07:00 p.m.

Por: Julián Alfredo Fernández Niño*

En el marco del Día Mundial del Sida, nadie duda de que, no obstante los innegables progresos en el control y manejo de la enfermedad a nivel mundial, persiste aún la necesidad de garantizar la equidad en el acceso a los servicios de salud para todas las personas que viven con el virus. Recientemente, como fue señalado en el editorial de EL TIEMPO del 29 de noviembre, se ha reconocido que uno de los nuevos determinantes generadores de esta inequidad en Colombia podría ser la condición de migrante. El editorial reconoce las necesidades pendientes de atención de los migrantes que viven con VIH en Colombia, y además es sensible explícitamente sobre los riesgos que esta valoración tiene para la generación de xenofobia. Sin embargo, considero que algunas precisiones pueden ayudar al propósito de los editores, en especial luego del llamado de preocupación hecho por la ONU por el incremento de las manifestaciones xenofóbicas en nuestro país.

En primer lugar, debe señalarse que la prevalencia de VIH en Venezuela no es marcadamente diferente a la estimada para la región de las Américas (0,4 % en 2018) por la Organización Mundial de la Salud. Según los datos de ONU Sida, se estimaba que en 2018 vivían aproximadamente 120.000 personas con VIH en este país. Aunque existen reparos justificados sobre la calidad de los sistemas de información en salud actualmente en Venezuela, esto representaría una prevalencia estimada de 0,4 %, la cual no es muy diferente de la estimada en Colombia donde viven alrededor de 95.000 personas con el virus.

Ver: Situación del VIH Sida en Colombia 2018 - Fondo Colombiano de Enfermedades de Alto Costo)

De hecho, la mayoría de migrantes son personas sin enfermedades crónicas ni discapacidad, aunque ciertamente dentro de los flujos de personas a nivel mundial hay siempre personas viviendo con VIH, aunque esta no suele ser el principal motivo para migrar. Desafortunadamente, la prevalencia real de VIH entre los migrantes en Colombia no se puede determinar fácilmente. Primero, porque no existen todavía encuestas probabilísticas de representatividad nacional que realicen pruebas de VIH; segundo, porque el denominador cambia todos los días con el ingreso y salida de migrantes; tercero, porque muchos casos no serían detectados al no poder los migrantes irregulares (cerca de la mitad de todos los migrantes) acceder a los servicios de salud diferentes a las atenciones de emergencia. Hay algunas estimaciones, pero se basan en atenciones y tiene muchas limitaciones, pero en todos los casos sitúan una prevalencia muy baja.

Es cierto, que hay un incremento de los casos de VIH/Sida reportados en el boletín de eventos de interés en salud pública en personas procedentes desde Venezuela, pero, aunque este número nos preocupa en términos humanos (un solo caso es de importancia), no representa un gran número desde una perspectiva epidemiológica. De hecho, por un lado, es resultado de una mayor cantidad de migrantes, pero no necesariamente de una mayor prevalencia, y por otro, esto se puede explicar por una mayor detección de la infección, dada la mayor realización de pruebas rápidas, que en el caso de los migrantes venezolanos irregulares se realizan en el marco de unidades móviles de la institucionalidad con el apoyo de la cooperación internacional. Desde esta perspectiva, la detección de casos es una señal de respuesta del sistema de salud, o de sus actividades complementarias en el marco de la crisis, y no necesariamente representa un incremento de la prevalencia. Lo realmente preocupante sería que no se detectaran casos de VIH en un fenómeno migratorio masivo.

Por otro lado, por su baja prevalencia en el país de su origen, y por ende dentro de los migrantes en el país, no es razonable suponer de ningún modo que los migrantes representan ninguna amenaza de salud pública, por la transmisión del VIH, ni en ninguna otra enfermedad. En Colombia, deben mantenerse los esfuerzos por promover prácticas sexuales seguras, y el acceso al diagnóstico y tratamiento. No se puede estigmatizar la transmisión en un contexto migratorio, tanto porque falla a la verdad como también a la ética, reproduciendo estereotipos negativos contra los migrantes.

Al respecto, varios trabajos de investigación realizados en escenarios migratorios similares (ver: VIH/Sida y rechazo a migrantes en contextos fronterizos) han mostrado que el VIH se percibe por la comunidad receptora como una amenaza externa, que sitúa como portadores a aquellas personas contra las que se tienen mayor estereotipos negativos. Las consecuencias del estigma van desde la exclusión, el rechazo, hasta la violencia física y sexual, por lo que debe de ser una preocupación para todos. Colombia ha demostrado su inclinación a reproducir prejuicios xenofóbicos, los cuales siempre están mezclados con misoginia, homofobia, transfobia, y discriminación de clase. Es nuestro deber evitar que sigamos reproduciendo los patrones de otras sociedades, para lo que debemos cuidar el lenguaje, el manejo de información y reconocer la igualdad de derechos para los migrantes.

Al respecto, una reflexión final merece la utilización de servicios de salud de los migrantes con VIH. Debe evitar hacerse énfasis en los medios masivos en el costo de la atención, que además en este caso se aplica principalmente a los migrantes regulares, ya que los migrantes irregulares dependen de las donaciones de ONG. No es razonable entonces suponer que sea importante el número de migrantes con VIH que migren a razón de la búsqueda de medicamentos, ya que a pesar de que la escasez ha sido denunciada desde 2017 por ONU Sida, los migrantes están lejos de tener garantía de recibir tratamiento si migran, por lo que es difícil pensar que esta sea la principal motivación.

En un discurso real que favorezca la integración social, los migrantes no pueden ser presentados como una carga para el sistema de salud, sino mejor como un desafío para el sistema. La perspectiva debe girar primero en torno a los derechos y, posteriormente, a la necesidad de pensar en mecanismos de financiamiento que garanticen el acceso equitativo a la atención integral en salud, lo cual sin duda tiene como principal determinante la regularización del estatus migratorio, que les permita asegurarse al sistema de salud, y favorecer su integración a Colombia como sociedad receptora.

*MD, MPH, MSc, Ph. D. Profesor del Departamento de Salud Pública de la Universidad del Norte. Coordinador de la Red Migración y Salud.

aninoj@uninorte.edu.co@JFernandeznino

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