¿Para qué investigar?

¿Para qué investigar?

Carecemos de una economía basada en el conocimiento. No nos hemos apropiado de nuestra riqueza.

05 de mayo 2019 , 12:11 a.m.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el gobierno español organizó una serie de expediciones botánicas. La creencia del momento era que el poder político y económico se incrementaría por la adquisición y aplicación de conocimientos científicos. Una clara herencia de la Ilustración francesa y una forma de pensar que nos haría tanto bien hoy en día. Las grandes enseñanzas que nos deja este periodo de expediciones son tres: la investigación como motor de progreso, la apropiación de los recursos naturales como fuente de bienestar y el respeto por el conocimiento del prójimo.

En el siglo XVIII, España nos mostró que el conocimiento si puede ser la base de la economía. Dicho país tuvo una serie de crisis agrarias, resultando en una escasez de alimentos y la necesidad de una reforma. Todo esto llevó a la creación de Sociedades Económicas de Amigos del País, las cuales plantearon impulsar la agricultura, el comercio y la industria mediante el estudio y la experimentación. El mismo Linneo decía que un economista sin conocimiento de la naturaleza es como un físico que no sabe de matemáticas. ¿Cómo sería de diferente Colombia si un investigador le pudiera escribir a una agencia financiadora de la investigación, como Mutis le escribía al rey, solicitándole recursos para su expedición, “una empresa que solo se dirige a producir honores a la nación, utilidad al público, extensión al comercio, ventajas a las ciencias, nuevos fondos al erario real”?

En términos científicos, el descubrimiento de América fue el acto de apropiación de recursos naturales más importante que se haya visto. Al descubrir plantas y sus usos, se mostró al resto del mundo un universo de posibilidades: el algodón, la papa, el cacao, el aguacate, los tomates y tantos otros tesoros que mueven la economía mundial. Pareciera que después de la independencia, el agotamiento de la violencia nos ha impedido seguir descubriendo recursos y usos. Nos vanagloriamos de ser un país megadiverso, sin conocer lo que realmente tenemos; no hay recursos financieros para explorar, la legislación le pone obstáculos a la investigación y aún no tenemos un museo de historia natural que sirva como reservorio y vitrina de nuestra verdadera riqueza.

A pesar de la negación de los nombres vulgares de las plantas por parte de los españoles, y como no era posible el descubrimiento de las propiedades curativas de todas ellas, había cierto respeto, o por lo menos interés, por el conocimiento de las comunidades nativas sobre sus propiedades. Ese conocimiento fue aprovechado para la explotación de los recursos, reconociendo las propiedades curativas de las plantas. A pesar de lo que creemos, esos saberes no fueron completamente destruidos (menos mal) y si escarbamos un poco, ese saber se ve reflejado en descubrimientos recientes de remedios contra la malaria, por ejemplo.

Varios siglos después, en Colombia, un país que aún carece de un sistema adecuado de ciencia, tecnología e innovación, también carecemos de una economía basada en el conocimiento. No hemos apropiado nuestra riqueza ni respetamos el conocimiento de nuestros pares para construir algo mejor.

Pese a ello, hoy se nos abre una ventana de esperanza con la conformación de la Misión de Sabios, con la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología y con la promesa gubernamental de aumentar los fondos para investigación y creación.

Abramos una ventana más grande, dejemos atrás la discusión en la que hemos estado enfrascados durante años sobre si es mejor la educación pública o la privada y comencemos a hablar de educación de calidad para todos nuestros jóvenes en donde la investigación sea uno de los principales pilares, y en ese camino incluyamos también a nuestros pares, reconociendo sus culturas y conocimientos.

Lejos de distanciarnos por cuenta de diálogos sordos, la investigación puede ser la salida y el punto de encuentro entre actores que históricamente no han podido encontrarse.

SILVIA RESTREPO
Coordinadora del área de biotecnología, medioambiente y bioeconomía de la Misión de Sabios

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