Los múltiples rostros de Carlos Ossa Escobar

Los múltiples rostros de Carlos Ossa Escobar

Basta decir que fue un luchador incansable por la paz y la reforma agraria.

19 de marzo 2019 , 07:32 p.m.

Por: Gustavo Riveros Díaz*


Bogotá, marzo 14 de 2019.

Tuve la fortuna de compartir días enteros con Carlos Ossa Escobar durante estos dos últimos años (2017 y 2018) en su casa del municipio de Circasia, en el departamento del Quindío, donde este hombre soportaba con impresionante dignidad una “enfermedad canalla” –como la llamaba–, que combina los síntomas del párkinson y del alzhéimer, llamada cuerpos de Lewy, que lo llevó a la tumba el pasado 13 de marzo.

A pesar de sus tremendos males, su mente estaba despierta e iluminaba en forma brillante los pasajes de la historia colombiana de las últimas décadas con una agudeza envidiable, llena de humor, sabiduría, crítica y profundidad.

Mi humilde trabajo era recopilar sus divertidas anécdotas y reflexiones sobre su vida, lo que a la postre se ha convertido en uno de sus principales legados documentales plasmado en el libro póstumo No más historias fallidas en Colombia, que narra su lucha por la paz, la reconciliación, la reforma agraria, la defensa del campesinado y de los líderes sociales, así como sus principales logros en los altísimos cargos que desempeñó.

En la primera parte del libro, que llamó ‘Carlos Ossa, hombre de paz y de contrastes’, relata principalmente sus insólitas e inéditas experiencias como Comisionado de Paz del gobierno de Virgilio Barco; presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, y director del entonces Instituto Colombiano de Reforma Agraria, Incora.

Esta primera parte del relato se acerca a lo real maravilloso por los abismales contrastes entre los increíbles sucesos que vivió en la presidencia de la República, en contraposición con sus peligrosos encuentros, en recónditos escondites, con los dirigentes guerrilleros Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas y Rodrigo Londoño, más conocido como Timochenco, entre otros. Además, recuerda algunas espeluznantes conversaciones en los clubes sociales y económicos más exclusivos del país y las diferencias de sus diálogos con los campesinos más humildes.

Basta decir que fue un luchador idealista e incansable por la paz, la reforma agraria y la revalorización del papel del campesino en la producción agraria, contradiciendo en forma científica a aquellos que consideran que la mecanización del campo es el factor incidente más importante en la productividad.

La segunda parte de su libro la llamó ‘Carlos Ossa, político y estadista’, donde aborda anécdotas y propuestas de su trascendental e inolvidable labor como contralor general de la República, institución en la que de forma pionera sectorizó el control fiscal y estableció parámetros técnicos para su análisis.

También se refiere en forma irónica a su elección y labor como concejal de Bogotá y presidente del Concejo, miembro de la Constituyente de 1991 y candidato a la Alcaldía de Bogotá y al senado de la República. En la redacción de la Constituyente se destaca su aporte en el campo económico a la conformación de la junta directiva del Banco de la República, su independencia que tantos beneficios ha traído al país y las aventuras, a veces miserables, para ser elegido popularmente. Decía: “es más fácil conseguir un millón de pesos que un voto”.

A la tercera parte de su libro la llamó ‘Carlos Ossa, el tecnócrata’, donde contó sus extraños avatares como investigador de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo, Fedesarrollo; como inolvidable y magnífico rector de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y como codirector del Banco de la República.

Obviamente reveló infidencias desconocidas por el público sobre su renuncia al prestigioso cargo de codirector del Banco de la República debido al “cachito” de marihuana que le encontraron en su maletín cuando se aprestaba a abordar un avión en el aeropuerto El Dorado de Bogotá rumbo a Caracas, que lo hizo conocido y que posicionó una imagen pública para muchos negativa, aunque, para otros, tuvo la virtud de abrir el gran debate de la dosis mínima y el derecho a la intimidad.

En este apartado técnico, el gran economista no podía dejar de analizar el galimatías de las reformas tributarias en Colombia, sus exenciones y deducciones, que hacen de estas “colchas de retazos” un “sancocho” de reformas tributarias numerosas, innecesarias y tortuosas, sin tomar nunca medidas de fondo y de largo aliento. Por supuesto dejó recomendaciones de cómo hacerlas de manera fácil y con el mayor impacto.

En el libro, el autor se desgarra en la última parte a la que llamó ‘Carlos Ossa, el frágil ser humano’, donde contó partes muy significativas y agradables de su historia personal y familiar, destacando la influencia decisiva de su padre, un caudillo liberal del Valle del Cauca, y revela muchas infidencias sobre su vida personal y sobre los males que lo aquejaron y que lo llevaron a la muerte.

En cada uno de estos rostros diversos de Carlos Ossa: el hombre de paz y de contrastes; el político y el estadista; el Tecnócrata y el frágil ser humano, nos muestra su complejo universo personal y la solidez y fortaleza de sus batallas en pos de la libertad, la paz, la igualdad, la solidaridad y el respeto, fruto de una consistente formación y una riqueza humana difíciles de encontrar.

No me canso de admirar sus análisis del proceso de paz, la lucha contra la corrupción, la reforma agraria, la justicia social, la política fiscal y tributaria, la lucha contra los cultivos ilícitos y la política de despenalización y legalización de las sustancias psicoactivas.

Economista de la Universidad de los Andes, con posgrado de Economía Agraria en la Universidad Católica de Chile, y posgrado de Administración Pública en la Universidad de Harvard, asumió un variopinto panorama de responsabilidades: secretario general e investigador de Fedesarrollo, 1973-1976; director de Asocaña Bogotá y secretario general de Asocaña 1977; viceministro de Agricultura, 1980-1982; presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), 1982-1986;

Consejero presidencial para la reconciliación, la normalización y la rehabilitación del gobierno de Virgilio Barco. Consejero de paz, 1986-1988; candidato a la Alcaldía de Bogotá (no fue elegido), 1988; director del Incora, 1988-1990; delegado a la Asamblea Nacional Constituyente, 1990-1991.

Codirector del Banco de la República, 1991-1993; gerente de Crear Salud, 1994; concejal de Bogotá y presidente del Concejo, 1995-1997; candidato a la Alcaldía de Bogotá (no fue elegido), 1997; gerente general de la Federación de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Focafin), 1998.

Contralor general de la Nación, 1998-2002; rector de la Universidad Autónoma de Colombia, 2003-2004; candidato del Polo al Senado (no fue elegido), 2006; Rector de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, 2007-2010. Así de múltiples son los rostros de Carlos Ossa Escobar.


*Periodista y escritor colombiano.
gustavoriveros@gmail.com

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