Las lecciones no aprendidas de Argentina

Las lecciones no aprendidas de Argentina

El país tiene su economía estancada desde 2011. Esto lo pone en desventaja para enfrentar la crisis.

09 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Seguramente los argentinos sean reconocidos en el mundo por tener uno de los mejores futbolistas del mundo (Lionel Messi), por tener el máximo referente de la Iglesia católica (papa Francisco) y por ser los inventores del bypass cardíaco (René Favaloro). Pero por otra parte, el país da la nota con su talón de Aquiles: la economía.

Ya desde hace tiempo, el economista bielorruso Simón Kuznets, reconocido por haber ganado el Premio Nobel de Economía en 1971, había formulado la siguiente frase: “Existen cuatro clases de naciones: países desarrollados, países en desarrollo, Japón y Argentina”. A Japón lo mencionaba en un sentido positivo porque partiendo de una situación económica catastrófica tras la Segunda Guerra Mundial, se había transformado en una gran potencia mundial. La antítesis era Argentina que a pesar de estar dotado de recursos naturales y con un gran potencial de desarrollo (en el primer tercio del siglo XX era uno de los diez países más ricos del mundo), hoy se ve inmerso en una espiral descendente y en medio de una gran crisis económica, mezclada por una clase dirigente volátil y especulativa. Además, se suma el marco jurídico y las normas de juego cambiantes e inestables.

Según datos del Maddison Historical Statistics, entre 1895 y 1896 Argentina tenía el PBI per cápita más alto del mundo. El problema central radica en que con el pasar de los diferentes gobiernos que vienen tomando el poder, los desequilibrios fiscales y la recurrente necesidad de financiar el gasto público vía emisión monetaria y/o endeudamiento son un hábito común en la economía. Esta inconsistencia presupuestaria impactó negativamente en el resto de las variables. Un círculo vicioso en forma de espiral descendente tomó el rumbo del país. La consecuencia fue el deterioro en los niveles de bienestar y la pérdida de confianza en el país, que terminó vapuleando la inversión y con ello la caída en la productividad. La pérdida de competitividad de las empresas argentinas les quitó protagonismo en la participación del comercio mundial. En un mundo globalizado y altamente competitivo, la Argentina no pudo, no supo o no quiso reconvertirse. Sumado a eso, la inflación constante deterioró el poder de compra de la población, la forma de ahorrar y las previsiones futuras. El reflejo de todos estos años es una pobreza estructural del 30 % y que en la actualidad se encuentra arriba del 40 %.

En términos históricos, la Argentina se enfrenta ante la peor crisis de su historia, con una caída de -25 %. Atrás va quedando la tan profunda crisis del 2001 con una caída del -20 %.

El punto que sobresale, y no menor, es que el país tiene su economía estancada desde el 2011. Eso lo pone en una desventaja en cuanto a su fortaleza para hacer frente a esta nueva crisis que es de escala global. Si se mide en términos relativos, el atraso en relación con otros países es evidente. Si se evaluaran las tasas de crecimiento promedio de los últimos 70 años (entre 1950 y 2020), Brasil necesitaría 33 años para duplicar su PBI por habitante, a Chile le llevaría 35; a Colombia, 36; a Uruguay, 45; a Perú, 48. ¿Y a la Argentina? 90 años.

El otro factor adverso es que la economía argentina es excesivamente dependiente del Estado. En 2004, el gasto público consolidado como % del PBI era del 24 % y en los últimos años trepó al 47 %. Esto fue compensado en parte con un aumento de la presión tributaria que generó un desaliento en la producción, generación de empleo y acumulación de capital por parte del sector privado.

Los años pasan y la economía continúa ante un rumbo incierto. Los shocks externos ponen en jaque el correcto funcionamiento y los vaivenes internos resaltan la volátil dinámica del país. Como no podía faltar, en plena cuarentena también se le suma la negociación a contrarreloj para intentar cerrar un acuerdo con los acreedores de la deuda. Reformas de fondo y un plan integral riguroso son las únicas soluciones para un problema de larga data. Como decía Albert Einstein, si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Nicolás Roset
Analista económico y cofundador de Clínica Financiera. Linkedin
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