¿Historia alternativa?

¿Historia alternativa?

Nuestros indios pudieron haber convivido con árabes, produciendo una riqueza cultural maravillosa.

08 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Todos sabemos lo que sucedió el 12 de octubre de 1492, cuando el almirante Cristóbal Colón junto con los hermanos Pinzón llegaron a lo que tiempo después se denominó América. El proceso de imbricación cultural se llevó a cabo en una colonización de casi doscientos años en los que el mestizaje entre españoles, ingleses, negros e indios dio lugar a una de las culturas más importantes de la humanidad. Desde el punto de vista antropológico, el proceso de la construcción de las ciudades y su manera de densificarlas poblacionalmente promovió el desarrollo de la civilización americana hacia un occidentalismo europeo que tiempo después sería catalogado como el tercer mundo. Esto ha definido las políticas económicas de países como México, Brasil, Chile, Argentina y Colombia, donde la referencia de la moneda, tanto comercial como financiera, depende del hemisferio norte.

Pero todo esto hubiese sido diferente si tan solo Colón se hubiera extraviado en el Atlántico, o si sus provisiones se hubiesen acabado. O tal vez sería diferente si al mes de haber desembarcado desde Palos de la Frontera y Moguer hubiese perdido las esperanzas de llegar a Asia por el occidente.

Y cuando hablamos de haber sido diferente pensemos en lo siguiente: el 2 de enero de 1492, los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla irrumpieron en el último bastión musulmán de la península ibérica y le arrebataron el poder a Boabdil, el último emir del al-Ándalus, tierra del islam occidental, rica culturalmente, donde convivieron musulmanes y judíos durante más de 700 años. Trescientos años atrás, los reyes cristianos de la península ibérica fueron conquistando desde el norte hacia el sur, permitiendo a ciertos musulmanes y judíos la permanencia en sus tierras con el fin de poblarlas, pero con la obligación, en algunos casos, de la conversión al cristianismo, lo que para ese entonces era una práctica común en los términos de una conquista religiosa. La fuerza militar de Fernando e Isabel era tan poderosa que pasó el Mediterráneo y se estableció en el norte de África, en lo que hoy conocemos como Ceuta, para bloquear cualquier intento de reconquista musulmana de la península.

Por otro lado, diez años antes, en 1481, murió Mehmed II, el sultán que en 1453 tomó la ciudad de Constantinopla y la convirtió en lo que hoy conocemos como Estambul. Esto había fortalecido a los musulmanes, que se expandieron sobre todo por el norte de África con el Imperio otomano. Al mando de Selim I, y luego su hijo Suleiman el Magnífico, lograron unificar el norte de África en una sola religión: el Islam. El califa Suleiman centró su poder en la riqueza cultural de la gente, motivando el estudio en las madrazas, unificando la lengua árabe y fortaleciendo las ciencias como la medicina, astronomía, música y poesía. Este imperio llego a tener casi cincuenta millones de personas, y sería uno de los más extensos de la humanidad.

La fuerza militar que Suleiman traía por el norte de África con miras a una reconquista de los territorios peninsulares ibéricos era mayor que la de los reyes católicos, que estaban ya desgastados y con una crisis financiera en ambos reinos, pero algo ocurrió en este proyectado choque de fuerzas militares. Suleiman debió dirigir sus esfuerzos a la contención que hacía en los territorios del Danubio en la Europa Oriental, que día a día perdía campo con las fuerzas cristianas y asiáticas que venían también del norte.

Lleguemos a pensar e imaginar que Suleiman hubiese reconquistado, con su fuerza militar, la península, sabiendo todo lo que Colón había encontrado. Al darse cuenta de esto, la mayoría de las embarcaciones habrían sido musulmanas, y miles de expulsados de la península habrían cruzado el Atlántico para regresar a ella o venir a América a poblar el continente. Con seguridad, el Tratado de Tordesillas, impuesto por los reinos de Castilla y Aragón y Portugal, no se habría cumplido y, tal vez, hablaríamos árabe en vez del castellano. En vez de ciudades con parques cuadrados y con iglesias a la cabeza tendríamos hermosas mezquitas acudiendo a los cinco llamados diarios a la oración. Tal vez nuestros indios habrían convivido con los árabes y se habría producido una riqueza cultural extraña pero maravillosa. Comercializaríamos con dinares, la mujer vestiría burka o tal vez hiyab e intercambiaríamos petróleo con el Líbano, Siria o Turquía. De algo de lo que estoy seguro es que tendríamos el mejor café del mundo.

Tal vez seriamos árabes.

Luis Felipe Chávez Giraldo
Historiador

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