Hipoteca inversa y su efecto en la salud mental

Hipoteca inversa y su efecto en la salud mental

No deberían ofrecer este tipo de soluciones en donde se vulnera la población de la tercera edad.

25 de junio 2020 , 09:25 p.m.

El pasado 11 de junio, el ministro de Vivienda, Jonathan Malagón, durante el programa presidencial ‘Prevención y acción’ lanzó una nueva medida dirigida a los colombianos mayores de 65 años propietarios de una vivienda, en la cual le ofrecen hipotecar su inmueble a cambio de una renta vitalicia con el fin de mejorar los ingresos de los adultos mayores y, por ende, su calidad de vida. Nadie pone en duda las buenas intenciones del ministro Malagón o las del Presidente; sin embargo, un mecanismo como este debió ser evaluado de una forma más integral y en pro de la equidad.

El ciclo vital de Erikson menciona que, en la etapa final de la vida las personas reflexionan sobre su integridad, siendo esta la aceptación de sí mismo, estar satisfecho con las decisiones que tomó, darle significado a su vida y evaluar si valió la pena haber vivido. Dicho esto, que a una persona de la tercera edad que no tenga pensión o la pensión sea muy bajita, que no tenga hijos o sus hijos no cuiden de él, pero que logró ser propietario de una casa que representa un propósito de vida cumplido, le ofrezcan hipotecar su patrimonio al final de la vida para poder subsistir desencadena consecuencias negativas para su salud mental. Por voluntario que sea, quien no esté pasando necesidades no va a hipotecar la casa donde vive.

A esta situación se le suma lo encontrado por la Encuesta Nacional de Salud Mental en 2015. Las personas mayores de 60 años tienen una percepción negativa de su salud mental y consideran que tienen una vida satisfactoria, pero no feliz, evidenciando que la sensación de felicidad disminuye con la edad en la población colombiana. De igual forma, el 64,2 % de las personas de 45 años en adelante sostienen que se deben resignar y aceptar las cosas como vienen, y el 27,7 % sienten que la vida les ha dado tan duro que ya no les duele nada. Dichas cifras aumentan en las personas que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad económica. La misma encuesta encontró que el 5 % de los mayores de 45 años presentan un trastorno depresivo a lo largo de la vida, y un estudio en Antioquia estimó que el 26,3 % de los adultos mayores cursan con depresión, siendo más prevalente en las mujeres llegando al 64,2 %. El suicidio también es frecuente en la tercera edad. Según datos de Medicina Legal, en 2018 fallecieron 275 personas mayores de 65 años por suicidio, y de estas, 53 colombianos tenían más de 80 años.

Quienes defienden la propuesta la justifican afirmando que va a mejorar la calidad de vida de las personas mayores y que los hijos desalmados no merecen heredar. Sin embargo, una buena calidad de vida no existe si se tiene una mala salud mental; y desconocen los datos presentados en el Estudio Nacional de Salud, Bienestar y Envejecimiento de 2015, en donde el 83,9 % de los cuidadores de adultos mayores son sus hijas, quienes se han dedicado al cuidado de sus padres, no cotizan pensión y tienen una edad promedio de 49 años. Estos son los hijos e hijas desalmados que se quedarán en la calle si sus padres se acogen a la hipoteca inversa.

El Gobierno no debería ofrecer este tipo de soluciones en donde se vulnera aún más la población de la tercera edad y, además, aumenta la inequidad. Sería mejor que optaran por fomentar las posibilidades de trabajo y den valor a la experiencia. De igual forma, tampoco deberían hacer ver estos mecanismos como un acto de consideración. El artículo 48 de la Constitución Política de Colombia menciona el derecho IRRENUNCIABLE a la seguridad social, la cual tiene como objetivo definido, en la ley 100 de 1993, el de “garantizar los derechos irrenunciables de la persona y la comunidad para obtener la calidad de vida acorde con la dignidad humana, mediante la protección de las contingencias que la afecten”, como son la vejez o la enfermedad. Todos tenemos derecho a una vejez digna, y el Estado debe velar por ella.

En este país no se pueden aceptar este tipo de medidas, que hacen ver el derecho a la seguridad social como un favor, vulneran la salud mental de los adultos mayores y no solucionan el problema real de la pobreza en la vejez debido al deficiente sistema pensional que tenemos. Los jóvenes, más que nadie, debemos estar en desacuerdo con esta política, y no porque no heredemos, sino porque ese 73 % de menores de 45 años actual que tanto recalcó el presidente en su campaña seremos los viejos en 30 años, viejos a los que también nos va a tocar vender la casa.


Mariana Pinto Álvarez
Médica de la Pontificia Universidad Javeriana
Magíster en Salud Pública de la Pontificia Universidad Javeriana.
Investigadora en salud mental y salud pública
mariana.pinto@javeriana.edu.co
Twitter: @Mariana03MD.

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