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Sobriedad contra la borrachera

Sobriedad contra la borrachera

El país parece estar en medio de una borrachera. Borrachera, en primer lugar, de las autoridades.

06 de mayo 2021 , 07:01 p. m.

El país parece estar en medio de una borrachera.

Borrachera, en primer lugar, de las autoridades. De todas, en todos los niveles. Por eso parecen no ver, no oír, tambalearse un traspié tras otro. Erráticas y obnubiladas.

Borrachera de los líderes políticos. Del lenguaraz que no mide sus palabras. Del que sonríe cínicamente mientras contempla la catástrofe que ha estado deseando. Del que silenciosamente espera el desenlace para reclamar su parte en los despojos. Del que hubiera podido decir algo y no lo dijo.

De los que dijeron lo que no era, cuando algo tan necesario pudiera haberse dicho.

Borrachera de los medios de comunicación, desbordados por hechos que reproducen meméticamente, sin discernimiento alguno, abiertos sus micrófonos al ruido, o torturando la realidad para hacerla decir lo que no quiere.

Borrachera de los vándalos, de los saqueadores, de los pirómanos (literales y figurados, todos igualmente incendiarios), de quienes han provocado el caos y sembrado la destrucción, amparados en la bandera de una movilización que no les pertenece, y que han pretendido secuestrar con su violencia.

Borrachera de quienes no los han detenido.

Borrachera de aquellos que se deben, por vocación y por ley, al cuidado y la protección de sus conciudadanos, y, por el contrario, han arremetido sin proporción ni justicia contra ellos, violentando la dignidad de unas insignias que a todos los colombianos pertenecen.

Borrachera de quienes tampoco a estos han detenido.

Borrachera de quienes se atribuyen por la fuerza de los hechos el poder de decidir si los alimentos, las medicinas, o los insumos materiales llegan o no a sus destinos; si las personas pueden presentarse o no a los puestos de vacunación a los que han sido convocadas. De quienes han hecho de la protesta una extorsión criminal en contra de sus compatriotas.

Borrachera de las redes sociales, convertidas en la sentina en la que desembocan las más perversas emociones, la arenga disfrazada de análisis, la incitación a la violencia encubierta tras el lenguaje de la reivindicación, la hiperexcitación de los sentidos, el monólogo de sordos que solo quieren oírse a sí mismos para darse la razón y para justificarse.

Borrachera de la repetición indiscriminada de mensajes, de uno y otro lado, de todos lados, en una confusión aturdidora que nada significa.

Borrachera de los opinadores convertidos en activistas, de los periodistas convertidos en opinadores, de los académicos convertidos en opinadores activistas.

Borrachera de la inteligencia puesta al servicio de la militancia.

Borrachera de la inteligencia subyugada por las emociones.

Borrachera de quienes quieren hacer invivible la república —que son muchos, y que son varios–.

Borrachera de quienes no están suficientemente sobrios para defender la república: la cosa pública, que a todos concierne y que a todos pertenece, la casa común de cuya suerte somos todos responsables.

Borrachera. Si no se detiene, al final, quedará solamente la resaca.

El sueño de la razón produce monstruos —lo vio, lo vivió, lo supo, lo dibujó Goya descarnadamente–.

Sobriedad, entonces, para estar despiertos.

Sobriedad para preservar la república.

Sobriedad para que la inteligencia pueda hacer su trabajo.

Sobriedad para pensar con lucidez y obrar con rectitud. Para evitar la confusión y el extravío.

Sobriedad contra la borrachera.

No seré yo quien les diga, ni a ustedes ni a nadie, cómo estar sobrio.

La universidad habría fracasado si eso fuera necesario.

El Claustro ha sido hogar de ideas y no de ideologías. De reflexión y no de propaganda. De compromiso republicano y no de ciegas militancias. De la práctica, y no solo de la prédica, de las virtudes cívicas, hechas acción en el curso de la historia.

De sobriedad, y no de borrachera.

Le encomiendo a cada uno el uso responsable de su propia libertad. A cada uno, lo encomiendo al criterio de su propia inteligencia, a la luz de su propia razón.

También en una coyuntura como esta han de ser ustedes los primeros jueces de sí mismos.

La clase seguirá adelante y abierta. Mi labor no para, ni se distrae, ni se desentiende, ni se subordina a falsos dilemas. Respetaré la autonomía de cada uno para decidir y discernir lo que cada uno quiere, necesita, o debe hacer en estas circunstancias.

Andrés Molano Rojas
Profesor de la Universidad del Rosario

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