Ciudad y ciudadanía en tiempos de pandemia

Ciudad y ciudadanía en tiempos de pandemia

El próximo reto que nos aguarda es replantear nuestra realidad en medio de la pandemia.

06 de julio 2020 , 09:25 p.m.

No cabe duda de que la pandemia de covid-19 es el mayor reto que ha enfrentado nuestra generación. La vida nos cambió y la realidad se convirtió en un escenario que antes solo hubiéramos podido imaginar en una de esas películas que muestran futuros distópicos, después de una catástrofe global. El próximo reto que nos aguarda es replantear nuestra realidad en medio de la pandemia.

Desde el punto de vista urbano, el futuro nos presenta una oportunidad histórica para renovar la dinámica de las ciudades como unidades sociales, apuntando, por supuesto, a optimizar la forma como los ciudadanos aprovechan los espacios y servicios a su disposición. En París, por ejemplo, se adoptó el modelo de ciudad del cuarto de hora, en el que los ciudadanos gastan 15 minutos caminando para realizar todas sus vueltas diarias. Este modelo fue propuesto por el profesor colombo-francés Carlos Moreno, director científico de la Cátedra ETI (Emprendimiento, Territorio e Innovación) y enviado especial de Ciudad Inteligente de la alcaldía de París.

El concepto captó mi atención, así que decidí leer un poco más sobre las reflexiones del profesor Moreno y encontré una idea muy interesante que plantea sobre la necesidad de mirar hacia las ciudades intermedias, a las que él considera “joyas”. Tiene mucha lógica, ya que en el nuevo futuro que se abre camino ante nuestros ojos, las ciudades más densas están más expuestas a fenómenos que alteren su normalidad, tal como ha quedado demostrado con la situación actual. Y es que en la era pospandemia, las ciudades intermedias están llamadas a convertirse en los focos de interés del urbanismo, no solo desde el punto de vista de la planificación estructural, sino también desde la construcción de ciudadanía.

Adaptarse a un cambio nunca es fácil, y mucho menos en ciudades intermedias, pero no es descabellado visionar nuevas formas de reducir las aglomeraciones en el futuro, como el traslado de servicios a los barrios para así minimizar la tradicional congregación de las personas en las zonas céntricas, fortalecer la cicloinfraestructura de las ciudades para promover el uso de la bicicleta como medio alternativo de transporte y hacer uso de la tecnología para acceder a servicios virtuales desde casa.

Es necesario entender que debemos revaluar la idea de cuantificar la densidad urbana únicamente como la ecuación simple de cantidad de viviendas por hectárea. La pandemia nos ha enseñado que el hecho de que tantas personas vivan tan juntas puede llegar a ser contraproducente, por lo tanto, aunque deberíamos mantener los principios de la ciudad compacta, es necesario incluir en la ecuación la mezcla de usos, la relación de accesibilidad y proximidad a equipamientos y espacios públicos, la cantidad de verde urbano y otros elementos de análisis que, en conjunto, garanticen que el ciudadano, en recorridos cortos que minimicen su tiempo de exposición al contacto, pueda acceder a la mayoría de los servicios que ofrece la ciudad.

Soy un convencido de que la ciudad y la ciudadanía deben ser directamente proporcionales, no puede avanzar una sin la otra, y cuando no van en crecimiento paralelo, aumentan las debilidades de cualquier sociedad. Después de la cuarentena y aprovechando el respiro obligado que le hemos dado al planeta, nuestra misión como ciudadanos es cambiar el paradigma de lo que representa para nosotros la ciudad en la que vivimos y devolverle dentro de nuestra cotidianidad todos los beneficios que ella nos da.

Esta nueva realidad ha tocado bruscamente a los líderes de ciudades en todo el mundo, quienes hoy tienen la dura responsabilidad de guiar todo el proceso de transición entre la pandemia y la pospandemia. Eso sin mencionar los efectos económicos que ya estamos viendo en todo el mundo a causa de las medidas que los gobernantes han aplicado para reducir la interacción social y salvar vidas. Una recesión que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha denominado el ‘Gran Confinamiento’ y que según, los expertos, no se veía desde la Gran Depresión de 1929.

Las repercusiones de esta crisis no serán solo a corto plazo. A partir del momento en el que el mundo pueda decir que ha sido superada la emergencia sanitaria, debemos estar preparados para ver sus consecuencias durante mucho tiempo, pero también tendremos la oportunidad de construir ciudades más sostenibles y de formar ciudadanos más comprometidos. Sin duda vivimos un momento decisivo para la humanidad, pero a través de la historia hemos demostrado que tenemos la maravillosa capacidad de adaptarnos a una realidad cambiante, y eso es lo que garantiza la supervivencia de nuestra especie.

Marcos Daniel Pineda García

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