Armas de destrucción masiva, whisky y homosexualidad

Armas de destrucción masiva, whisky y homosexualidad

Todo pronunciamiento científico está articulado desde un punto de vista político.

23 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

En una de sus álgidas entrevistas, Mohamed Alí, el célebre boxeador y activista político, afirmó que los blancos son más culpables que los negros a la hora de explicar las ‘barbaries’ de la raza humana. En resumidas cuentas, Alí condena a los blancos por haber traído al mundo las armas de destrucción masiva, el whisky y la homosexualidad. Pues bien, como en muchas otras ocasiones, Alí tenía razón: le debemos a la raza blanca la invención de estas tres ‘barbaries’. Por la tercera, claro está, no me refiero a la atracción sexual entre personas del mismo sexo, la cual ha existido desde que existe la atracción sexual; sino a la reducción de una infinita gama de formas de actuar y de sentir, a una categoría social: la homosexualidad.

Al trazar el linaje de las palabras ‘heterosexual’ y ‘homosexual’, el historiador y artista neoyorquino J. N. Katz se tropezó con dos descubrimientos bastante esclarecedores: además de que ambos términos datan de una fecha sorprendentemente reciente, su origen es simultáneo. Las palabras ‘homosexual’ y ‘heterosexual’ fueron empleadas por primera vez, en 1869, en una carta escrita por K. M. Kertbeny, un escritor alemán, en la cual le pedía al gobierno de su país derrumbar una ley que castigaba la ‘fornicación antinatural’. Y no fue hasta 1892 cuando los términos ingresaron al léxico médico, en este caso, para describir dos comportamientos sexuales ‘pervertidos’: la atracción hacia personas del mismo sexo y la atracción ‘anormal’ (sin intenciones de reproducirse) hacia personas del sexo opuesto. De hecho, en 1901, un diccionario médico de Filadelfia –todavía– afirmaba que la heterosexualidad era un “apetito anormal o pervertido” entre hombres y mujeres. De manera que, por carecer de fines reproductivos, para los estándares científicos (¡no religiosos!) de la época, la heterosexualidad y la homosexualidad eran consideradas dos comportamientos ‘anormales de gratificación sexual’.

En 1910, el célebre médico británico Havelock Ellis manifestó que, para entonces, no existía una palabra para describir el “amor sexual normal” entre hombres y mujeres. Y, fue precisamente con ese objetivo en mente como, algunos años más tarde, la heterosexualidad llegó a definir el comportamiento sexual ‘normal’; desamparado, así, a su desobediente hermana melliza, la homosexualidad, en el oscuro pero plácido mundo de las perversiones sexuales.

Esta breve historia permite llegar a, al menos, tres conclusiones. Primero, la heterosexualidad y la homosexualidad no son categorías bilógicas, sino sociales; pues, teniendo en cuenta que el comportamiento sexual es mucho más que una conjunción de órganos, siempre estará mediado por el contexto social dentro del cual se desenvuelve. No se trata de caer en la banalidad de afirmar que todos somos bisexuales reprimidos (otra categoría social), ni de negar la autenticidad de la atracción sexual que las personas puedan sentir hacia uno u otro sexo. Se trata de poner en evidencia que las categorías homosexual y heterosexual son propias de un contexto social e histórico específico y que el cuerpo humano cuenta con el extraño poder de digerir categorías sociales hasta el punto de sentirlas como biológicas.

Segundo, esta reconstrucción genealógica permite controvertir la exigencia, hecha sobre todo desde alas progresistas, por separar la ciencia de la política. No pretendo hacer aquí una invitación a negar de un tajo la ciencia, sino a tener en cuenta que todo pronunciamiento científico está articulado desde un punto de vista político. Y, por último, este análisis refleja, efectivamente, que la homosexualidad –como las armas de destrucción masiva y el whisky–es un invento de los blancos.

Santiago Vargas Acebedo

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.