Un hito el próximo domingo

Un hito el próximo domingo

La consulta será un buen paso para comenzar a construir lo público con las nuevas generaciones.

23 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Dentro de algunos años espero ver en los libros de historia que el 26 de agosto de 2018 Colombia votó masivamente para poner en marcha un movimiento ciudadano y un acuerdo político contra la corrupción. Sería un hito democrático. Como fueron hitos la votación por la séptima papeleta en 1990 y el plebiscito de 1957. Hace sesenta años los jóvenes, y las mujeres que votaban por primera vez, les dijeron a las generaciones que los precedieron que la violencia política sectaria tenía que terminar. (A propósito, entre los 14 puntos que se votaron entonces estaba una asignación presupuestal mínima para la educación en el presupuesto público).

Y el movimiento estudiantil de hace treinta años le dijo al país que los derechos y la participación debían encabezar el orden constitucional. Ambos mandatos están inconclusos, pero nadie duda hoy de su pertinencia ni del avance que en su momento significó propiciar esas manifestaciones del sentir popular mediante un voto de unidad política.

Por el contrario, si la consulta del domingo resulta baja de participación, como el referendo de 2003, o nos divide más, como el plebiscito por la paz de 2016, todos perderemos. Por eso voy a votar el próximo domingo. Cinco, seis o siete veces (estoy decidiendo cuántos Síes), pero sin duda voy a votar. No para que se acabe la corrupción al otro día, sino con la ilusión de que podamos unirnos quienes queremos un Estado limpio, seamos de izquierda o de derecha. Ya después seguiremos debatiendo la política social, los impuestos y la paz. Pero por lo menos que quede claro que en todos los partidos hay amigos de la transparencia.

No saldrán de esa votación una política, una justicia, unos organismos de control o un gobierno impolutos. Pero se reducirán algunos riesgos de corrupción en esos cuatro aparatos maltrechos.

Si la consulta del domingo saca 13 millones de votos será un comienzo. No saldrán de esa votación una política, una justicia, unos organismos de control o un gobierno impolutos. Pero se reducirán algunos riesgos de corrupción en esos cuatro aparatos maltrechos. Y nos quedará nítidamente establecida la obligación de trabajar por un cambio generacional. Un cambio cultural que implica educar a niños y jóvenes como seres portadores de una ética genuina y solidaria, de una cultura democrática y de una actitud cívica responsable.

El mandato fundamental sería el mensaje político: “Sí, queremos respeto por lo público para las nuevas generaciones”. Los otros siete mandatos son herramientas jurídicas. Algo menos importante.

Me parecen buenas herramientas la cárcel sin atenuantes para quien se robe así sea un solo peso del dinero público
, que los funcionarios nos cuenten qué bienes tienen, que los políticos rindan cuentas, que se decidan los presupuestos consultando a la ciudadanía y que los congresistas tengan un límite de períodos (aunque esto último no me parece especialmente útil para luchar contra la corrupción). Hay dos mandatos que estoy pensando si voto negativamente.

De un lado, aunque es muy importante que las compras públicas sean más transparentes, la idea de adquirirlo todo mediante pliegos tipo no parece clara. Puede desincentivar la provisión comunitaria de servicios, o ser técnicamente inviable y, por lo tanto, resultar contraproducente. Y tampoco estoy convencido de que bajarles el sueldo a los congresistas sea una medida anticorrupción. Quizás ayudaría a la equidad, pero para que fuera justa y no desincentivara el servicio público, tendríamos que bajarle el sueldo a toda la clase dirigente incluyendo funcionarios estatales, gerentes de empresas, periodistas, académicos, diplomáticos… Afirmar que los políticos no trabajan, o que su trabajo es menos importante que el de otros líderes de la sociedad, suena simplista.

No será perfecto. No será automático. Pero si el resultado del domingo es positivo, será un buen paso para comenzar a construir lo público con las nuevas generaciones. Un comienzo necesario. Y quien no se levante a votar tendrá que asumir las consecuencias de negarnos ese hito de unidad y esperanza.

ÓSCAR SÁNCHEZ
*Coordinador Nacional Educapaz

Columnistas

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