Horizontes

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Tenemos un vacío de oferta educativa en el mundo campesino, indígena y afro en secundaria y media.

05 de diciembre 2018 , 05:49 p.m.

Unesco ha puesto en marcha en el Perú, en asocio con el Ministerio de Educación de ese país, el programa de apoyo a la secundaria rural Horizontes, y su enfoque merece ser estudiado en Colombia.

Ofrecer a los adolescentes de comunidades lejanas a las ciudades oportunidades para construir y hacer realidad un proyecto de vida con arraigo en los territorios sin renunciar a una experiencia vital cosmopolita es un desafío enorme. Y lo es más en países como los nuestros, con rupturas profundas entre lo indígena, lo campesino, lo afro y lo mestizo.

El único camino para que los proyectos de vida de niños y jóvenes sean sólidos y viables es la formación integral: atender sus necesidades socioemocionales y de educación ciudadana, enseñarles a comprender su cuerpo, su mente y su espíritu, mejorar su rendimiento académico y prepararlos para el trabajo desde una perspectiva intercultural. El desarrollo humano no puede separar dimensiones vitales, porque somos sujetos completos y sociales. Ni máquinas de producir, ni cerebros calculadores, ni hoguera de pasiones ni seres instintivos. Todo eso junto.

Nuestro país invierte menos de la mitad del promedio de América Latina en educación media.


Es en la adolescencia cuando tenemos que organizar tal complejidad que la condición humana nos exige. Por eso, entre los 12 y los 18 años (las edades de la educación secundaria y media en Colombia y de la secundaria en el Perú) se juegan su suerte los pelados. El paso de la infancia a la adultez es cada vez más difícil y requiere un proceso largo con buena educación. Pero las sociedades latinoamericanas en proceso de urbanización en algún momento pensaron que eso era necesario sobre todo en las ciudades. Craso error.

Al marginar lo rural se creó la que es quizás la mayor inequidad de nuestro tiempo: se concentró la oferta educativa más allá de lo elemental en donde hay más habitantes reunidos. Argumentos economicistas como la eficiencia para atender con unos cuantos recursos a mucha gente junta llevaron a la negación de los derechos de los habitantes rurales. Y los efectos son devastadores: no solamente condenamos a una población muy importante a la pobreza y propiciamos las condiciones para que los jóvenes de muchos territorios sean presa fácil de las economías ilegales, sino que alentamos una migración desordenada. Quienes salen de sus territorios vienen a vivir mal en las ciudades; el mundo donde están la seguridad alimentaria, la sostenibilidad del planeta y muchos recursos se vuelve área de extracción inclemente para gente sin arraigo; y negamos el valor de la diversidad a nuestras sociedades.

En Colombia tenemos un gran vacío de oferta de educación pertinente en el mundo campesino, indígena y afrodescendiente en secundaria y media. En general, nuestro país invierte menos de la mitad del promedio de América Latina en educación media. Además de invertir poco, la política de educación media en los últimos veinte años ha sido el marchitamiento de la formación vocacional. Hace unos meses dediqué una columna a explicar por qué (Lea: La media, ni a medias). Y la realidad de esa precariedad es aún mayor en el mundo rural.

Hay muchos datos. Por ejemplo, los chicos del mundo rural disperso tenían unas 30 veces menos oportunidades de acceder a las becas de Ser Pilo Paga que los urbanos, y ahora que se ha hecho un nuevo diseño para mejorar ese programa con Generación E, vuelve y se cae en el mismo error, y se regionaliza de modo que serán solo las capitales de departamento las que concentren los beneficiarios. Y es impresionante lo difícil que es adaptar las políticas pensadas para el mundo urbano a lo rural, desde el currículo o las condiciones para el trabajo de los docentes, pasando por el acceso al Sena, hasta la alimentación o el transporte.

El proyecto de Plan de Desarrollo que el Gobierno ha construido tiene una meta específica para la educación media rural, pero increíblemente es menor que la meta de la media urbana. Es decir, aun si se cumple el objetivo y los jóvenes rurales y urbanos mejoran levemente en el acceso a educación en los próximos cuatro años, lo que se propone es ampliar la brecha.

El caso de Horizontes nos puede servir de ejemplo. En algunas provincias de las regiones de Piura, Cusco, Ayacucho y Amazonas se ha comenzado a adelantar con colegios, comunidades y jóvenes una experiencia que merece ser observada. Es impresionante cómo el embarazo adolescente, la violencia intrafamiliar, la vinculación precoz al mundo del trabajo, la falta de valoración de las tradiciones y demás características del diagnóstico que ha hecho Unesco para poner en marcha ese programa coinciden nítidamente con los desafíos colombianos. En el lanzamiento del programa vinieron estudiantes y docentes de las regiones que Horizontes atenderá. Y al igual que en Colombia, al escuchar sus sueños y sus demandas, es evidente que el problema es que los adultos urbanos tenemos poco oído. En Perú quieren afinarlo.

* Coordinador nacional de Educapaz

@OscarG_Sanchez

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