Elecciones en Fecode

Elecciones en Fecode

No solo está en juego la legitimidad del sindicato, sino el desarrollo de la educación oficial.

06 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Todas las sociedades decentes del mundo han tenido como rasgo característico una sólida educación pública y un sindicalismo fuerte y maduro. El próximo 21 de septiembre se juega la suerte de esos dos activos democráticos hoy muy frágiles en Colombia, en las elecciones para integrar el Comité Ejecutivo y la Asamblea de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode).

La suerte del sindicalismo depende de esas elecciones porque los docentes son hoy el único gremio profesional organizado territorialmente, de alcance nacional, con apoyo de la opinión pública, con capacidad de movilización y pacífico en sus métodos. Si Fecode pierde alguna de esas fortalezas, sería una gran pérdida para el pluralismo político y la participación social del país.

Para mantenerlas, los dirigentes del magisterio necesitan conquistar mejoras en las condiciones laborales de sus afiliados y comprometer cada vez más a la sociedad con su causa. Y ahí está el riesgo. No es obvio que la beligerancia o la contundencia en las acciones de huelga que han caracterizado los últimos años de la federación vayan a lograr mejores salarios o más estabilidad para los maestros. Y, en cambio, la estrategia del paro eterno sí tenderá a reducir los afectos para el sindicato en la sociedad. Habría que pensar, queridos educadores, en votar por aquellos directivos capaces de ofrecer efectividad en la negociación sin que el servicio educativo tenga más traumatismos.

Es necesario que el sindicato se pregunte cómo pueden los maestros ofrecer más a la sociedad, y que sean generosos los que ya lo son (muchísimos) y los que todavía no.

Y no está en juego solamente la legitimidad social del sindicato (algo de por sí trascendental), sino el desarrollo de la propia educación oficial. Hay que reconocer que muchas familias prefieren una oferta privada precaria pero continua antes que los colegios oficiales con ausentismo y paros. No basta con que el sindicato se sume a las demandas por aumentar la financiación para la educación pública. Algo en lo que han sido útiles las alianzas de Fecode con jóvenes y múltiples sectores sociales y políticos.

Necesitamos que el sindicato incluya en su agenda, además de las reivindicaciones para que el gobierno haga más esfuerzos por el preescolar de tres grados, la jornada única con buenas condiciones o la formación docente. Es necesario que el sindicato se pregunte cómo pueden los maestros ofrecer más a la sociedad, y que sean generosos los que ya lo son (muchísimos) y los que todavía no. Obviamente, reclamando para todos lo que es justo obtener.

El hecho de tener una estructura sindical más radical que la base de docentes se explica por la irresponsabilidad del Estado y el sistema político. Solamente cuando se fortaleció la unidad sindical, hace unas tres décadas, dejaron de haber maestros sin salario. Si Gina Parody no hubiera decidido tratar a los educadores de modo indigno, no estaríamos viviendo huelgas de meses cada año. Y, a pesar de la protesta, el Gobierno sigue sin ofrecer soluciones de fondo para los problemas de seguridad social y salud de más de 350.000 docentes y sus familias, que pagan por ese servicio.

Así que la radicalización, así incomode a muchos maestros que preferirían el diálogo a la presión, es apenas natural cuando el gremio sabe que ese ha sido un seguro de desempleo y de mínimo reconocimiento a su trabajo. Sin embargo, y esa es la paradoja, esa misma radicalización puede terminar devolviéndose contra los docentes. Por eso, también, queridas maestras y maestros, sería ideal votar por quienes muestren más capacidad de movilizar al magisterio con propuestas autocríticas y de compromiso social, y no solamente capacidad reivindicativa y para la protesta.

Y, por último, hay que mejorar la equidad de género en la dirigencia. Mientras un 70 % de la planta docente son mujeres, la representación en los órganos directivos del sindicato va a seguir siendo mínima si no pasa algo extraordinario (como que las maestras puedan votar por su propio género).

Para que se consoliden simultáneamente la buena educación para los pobres y las clases medias populares, la confianza de las familias colombianas en los colegios oficiales y el magisterio como gremio profesional, es necesario que para este período, hasta el 2022, resulte elegida una directiva de Fecode capaz de conciliar fortaleza para negociar y genuino compromiso con la infancia.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador Nacional Educapaz

Columnistas

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