Selfi al antier

Selfi al antier

Cuando tuve cáncer prometí que si salía con vida sería el mejor tipo del mundo. Paja.

18 de mayo 2020 , 07:26 p.m.

Para escurrirle el bulto al dichoso bicho que nos tiene más guardados que regalo para la amante, puse en funcionamiento el espejo retrovisor y recordé fechas claves de mi periplo bogotano.

La primera vez que desembarqué en estos pagos rolos duré un mes. El hambre dio muchas cornadas. La segunda vez estuve cinco décadas.

Por arte de serendipia, o sea, de chepa, me encontré con Jorge Luis Borges a la salida de una visita que le hizo al presidente Turbay. Ganas me dieron de robarle su más reciente poema o guiarlo en la visita que hizo a la sede del Caro y Cuervo, pero el director, Ignacio Chaves, me hizo el cajón y guio a Borges.

Aprendí a maridar pola y colesterol los domingos en la Media Torta y en El Campín.

Como la nostalgia entra por el buche, la diáspora paisa de los años setenta se apilaba en el restaurante Frutalia, de la calle 22 con 8.ª. Nos reunía “la segunda trinidad bendita”: frisoles, mazamorra, arepa.

En julio de 1987 le respiré en la nuca al papa Juan Pablo II en Armero. Me sorprendió que al pontífice le gustara una sopa cuyo nombre solo tiene una vocal y una aplastante mayoría de nueve consonantes: el borschtsch, que preparaban en el Refugio Alpino. Me gustó que llevara mocasines rojo escarlata. Yo usé de los mismos en mi época de camaján.

Un librero de lujo me consiguió la primera novela que leí de niño, 'Genoveva de Brabante'. Cuando le comenté ese dato a Jorge Orlando Melo, director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, me dijo: “Ese libro está aquí”. Y repetí la deliciosa lectura.

Al edificio Avianca le dio por incendiarse el lunes 23 de julio de 1973. No le importó que mi matrimonio fuera el martes 24, sí, un martes. Mi novia y yo concluimos que primero había que apagar el incendio porque trabajaba como reportero de Todelar. Apagado el incendio, nos casamos el miércoles 26. No hubo fiesta ni invitados.

Gracias (de nada) a un cáncer tuvimos que aplazar el regreso a Medellín. Los médicos de Colsánitas finalmente sacaron corriendo al insólito visitante, y pudimos redondear la parábola del retorno.

Cuando tuve cáncer prometí que si salía con vida sería el mejor tipo del mundo. Paja. Ahora desde el encierro hago la misma promesa. Esta vez sí cumpliré. Si sigo en circulación.

Óscar Domínguez Giraldo

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