Rey de burlas

Rey de burlas

Espero un veredicto del polígrafo que notifique que el editorial es obra de todos en la Casa Blanca.

15 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Los miembros del entorno del presidente Trump están que se sacan la hamburguesa o el perro caliente de la boca para proclamar que no escribieron el editorial sin firma que publicó The New York Times.

‘A mí que me esculquen’ es el mantra que repiten los altos heliotropos de Washington.

En el artículo, Trump queda como el rey de burlas al que sus mejores alfiles no le paran bolas, le esconden el botón nuclear, no le pasan sus prepagos al teléfono y le desaparecen documentos que pondrían al mundo a cojear de muchas partes (Mafalda diría que la Tierra está enferma de Trump).

Le paran más bolas los liberales al expresidente Gaviria, los goditos a Pastrana, “la Far” a ‘Timochenko’, los uribistas al presidente Duque.

Si pudieran, sus asesores le esconderían el Twitter, que Trump ha convertido en púlpito para repartir nocauts. Con ese juguete, esperanto de la síntesis, ejerce las migajas de poder que le va dejando su sanedrín.

Si pudieran, sus asesores le esconderían el Twitter, que Trump ha convertido en púlpito para repartir nocauts.

Con la zozobra de que el magnate puede cambiar de opinión en menos de 24 horas. O 24 segundos. De estas zozobras nació, seguramente, el famoso editorial.

Los reflectores apuntan hacia el vicepresidente Mike Pence, quien tiene cara de no quebrar un plato. El impecable Pence, que espera su turno al bate, ha rechazado semejante paternidad.

Una palabreja que él suele utilizar con cierta fruición y aparece en el escrito lo tiene entre los palos. El voquible es lodestar, que significa norte, faro, inspiración.

En Colombia ha sido tirado identificar a los expresidentes por sus adverbios. Por orden de aparición: Turbay, evidentemente; Gaviria, ciertamente; Pastrana, claramente; Samper, ‘amisespaldasmente’. El presidente Duque nos debe su muletilla preferida.

Hasta la primera dama doña Melania ha salido a la pasarela a exigir que se desenmascare al Judas. De los trotes de su marido por otras alcobas, ni un ‘palabro’ de la bella de hielo. Ya aparecerá el Iscariote que filtre las pataletas de la pareja cuando la prensa le saca los trapitos sexuales al sol al mandamás.

Queda un recurso extremo para desentrañar el misterio: el uso del polígrafo, que se supone infalible como los papas. Mark Twain sugirió que no hay que dejar morir el arte de mentir. Espero un veredicto en el que el polígrafo se apiade del mundo y notifique que el editorial es obra de todos en la Casa Blanca.

ÓSCAR DOMÍGUEZ GIRALDO

Columnistas

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