La Sonora

La Sonora

Nunca imaginé que conocería al Inquieto, como le decimos sus devotos. Pero “la vida te da sorpresas”

25 de octubre 2019 , 09:10 p.m.

Aunque le duela a la cobarde envidia, como dice Regina 11, asistí al último concierto de la vieja Sonora Matancera en el coliseo cubierto El Campín de Bogotá. La nueva Sonora está de muchos 95 años y tocará en noviembre en Medellín, importada de Las Vegas. La leyenda continúa.

La noche del concierto conocí el sabor encarnado en la Guarachera Celia Cruz y el Ancabocero (= diablillo) Daniel Santos, quien hizo de telonero. ¡Severo tumbao el de ambos!

Al Jefe le tenía montada la perseguidora desde niño, cuando jugábamos al ‘Yo soy Daniel’. Lo hacíamos mejor que imitadores como Pepe Marino, Tony del Mar, Raúl López y Charles Figueroa. El dato suena en un antológico MP3 de la Sonora editado por Discos Fuentes, que también está de cumpleaños: 85.

Que me perdone Celia en el Walhalla en que está, pero la ignoré. El foco estaba en su colega

Nunca imaginé que conocería al Inquieto, como le decimos sus devotos. Pero “la vida te da sorpresas”. Lo afirma el filósofo Pedro Navajas.

Que me perdone Celia en el Walhalla en que está, pero la ignoré. El foco estaba en su colega. Cuando Santos terminó la faena en la que cortó las dos orejas, lo seguimos hasta el camerino. Si uno nace con los polvos y los aplausos contados, en aquella ocasión agoté estos últimos.

Nos hicimos tomar varios rollos de película en su compañía. Una de las fotos remplazó en la pared el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús.

Daniel nos atendió whisky y cigarrillo en mano, que consumió también durante el concierto sin confundir un sol con un do. Nunca olvidó la letra de sus frívolas canciones, que reflejan de verdad lo que uno está sintiendo, según François Truffaut.

En sus interpretaciones incluyó El corneta en honor de un grupo de reclutas. “Te metiste a soldado y ahora tienes que aprender”, corearon los militares de un sol, el que alumbra para todos.

Los párrocos de Medellín se persignaban cuando Daniel aparecía. Los sacaba de la sotana su condición de marihuanero. Para indemnizarlo del baculazo sus colegas consumidores lo bautizaron el Jefe. El puertorriqueño no admitió preguntas sobre política. De resto, habló de todo.

Terminada la charla lo acompañamos hasta el vehículo que lo regresaría a la soledad de cinco estrellas en su cuarto del Tequendama. Una espalda fatigada que desaparece dentro del automóvil es la última imagen que tengo del ídolo de infancia. Que sigue siéndolo frente al “pelotón de fusilamiento” de la vejez.

www.oscardominguezgiraldo.com

De izquierda a derecha, Óscar Domínguez, Daniel Santos, Ricardo Bicenty y Roberto Vargas.

De izquierda a derecha, Óscar Domínguez, Daniel Santos, Ricardo Bicenty y Roberto Vargas.

Foto:

Miguel Gota Menéndez

Se va ‘El Jefe’

Se va ‘El Jefe’

Foto:

Miguel Gota Menéndez

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