La ‘infeliz Caracas’

La ‘infeliz Caracas’

El voquible se queda corto para describir el despiporre armado por Maduro.

09 de marzo 2019 , 10:10 a.m.

La primera vez que García Márquez oyó nombrar Caracas, “ciudad irreal”, fue en esta frase que dijo Simón Bolívar en Cartagena en 1812: “Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas”.

Lo de infeliz se puede repetir hoy, aunque el voquible se queda corto para describir el despiporre armado por Maduro y su séquito.

La frase del Libertador la recuerda Juan Carlos Zapata en su documentado libro Gabo nació en Caracas, no en Aracataca (editorial Alfa).

El nobel confiesa que “una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal”.

También reconoce: “Mis relaciones con Venezuela y mi cariño por los venezolanos (el cual es mucho más grande que el que siento por los bogotanos) tiene antecedentes más antiguos de lo que la gente cree”.

El fabulista llegó a Caracas el día de Inocentes de 1957. Tenía 30 años y pisaba duro en el mundo de las letras. La pasó del carajo en su escala venezolana, donde fue feliz e indocumentado.

Cualquier día se inventó un sabático para viajar a Barranquilla, de donde regresó con el amor convertido en epístola. “Me casé para siempre”, diría.

El libro de Zapata impactó de tal manera al nobel que este le confesó que le había matado la segunda parte de sus memorias. Halago similar les haría a Dasso Saldívar por su Viaje a la semilla y a Gustavo Arango por Un ramo de nomeolvides: García Márquez en El Universal.

En Venezuela vivió una “revolución de carne y hueso” que precipitó la caída de Pérez Jiménez. La revuelta provocó la diáspora. Así que en 2019, “la historia vuelve a repetirse”, dicho en letra de tango.

El libro recuerda que fue una venezolana exiliada, Juana Alcalá de Freitas, la que le leyó al niño Gabriel el primer cuento, Genoveva de Brabante.

Alfredo Barboza, médico y boticario, otro integrante de “la colonia inolvidable de venezolanos” en Aracataca, donde se instalaron para huir de la dictadura, se encargó de convencer a Luisa Santiaga de que lo de su hijo Gabito era la literatura, que es como escribir en la piedra y el viento al mismo tiempo.

Ser escritor, le dijo Barboza, “es un regalo del cielo”. Señor, si todavía tienes la sartén por el mango, haznos el regalito de mandar al bailarín del Maduro al lugar adecuado.

www.oscardominguezgiraldo.com

Sal de la rutina

Más de Óscar Domínguez Giraldo

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.