Secciones
Síguenos en:
Interceptado

Interceptado

Un pirata cibernético tiene acceso a mi intimidad. Amenaza con divulgarla y arruinar mi hoja debida.

11 de junio 2021 , 09:25 p. m.

La situación que estoy viviendo no se la deseo a nadie. Un pirata cibernético ha tenido acceso a mi intimidad y amenaza con divulgarla para arruinar mi hoja debida. Para madrugarle, revelo algunos de los datos con los que pretende chantajearme:

El acosador me acusa de ser el ladrón que “se robó las llaves de la noche”.

Así como los voyeristas coleccionan cucos femeninos, mi calumniador de cabecera descubrió que colecciono ajedreces, anécdotas infantiles, libros prestados, y que hago míos pensamientos ajenos como estos del fallecido escritor Hernando Valencia Goelkel: “Contra lujuria, Tunja, contra soberbia, bus”.

Se muere de la cobarde envidia porque estoy redactando una segunda Urbanidad de Carreño, adaptada a estos tiempos. Para sabotear mi primer best seller amenaza con revelar párrafos como este: “En caso de almuerzos, comidas, juntas directivas o primeras comuniones, manténganse apagados los celulares. Estos diabólicos cachivaches no dejan ver el bosque de la buena conversación”.

Me acusa de ser un ateo de menor cuantía y revela que cuando el dulce se pone a mordiscos, como en época de pandemia y paros, o cuando me subo al avión, dejo la incredulidad en la escalerilla y me asilo en los salmos.

No sé cómo se las ingenió, pero encontró en mis archivos esta plegaria: “Señor, si existes –y sospecho que sí–, apiádate de este escéptico de días impares”.

Considera que es sospechoso de cualquier exabrupto un individuo que escucha música en jurásicos casetes de cinta.

Dice que me las doy de bachiller cuando, en realidad, debo química, física y trigonometría de sexto. En mi defensa diré que la culpa la tienen los auténticos bachilleres de 1964 de La Salle de Envigado que suelen invitarme a sus bacanales de agua aromática y empanadas. Soy bachiller por ósmosis.

De mi diario amenaza con divulgar un original planteamiento en el sentido de que los emoticones son la cuota inicial de la muerte del lenguaje, pues la gente, por pereza de pensar, en vez de escribir, lo dice todo en caritas felices, infelices, llorosas, estupefactas... Día llegará en que circularán libros como Don Quijote o La divina comedia en insulsos emoticones. Será el acabose, el no me quieras, Margot.

Y como todo lo del pobre es robado, mi pirata dice que me las doy de poetastro porque se me ocurrió este lacónico cuasi-semi-exgozquejo de verso: El mar se vuelve música para vivir dentro del caracol.

Óscar Domínguez Giraldo
oscardominguezg@outlook.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.