Infiltrada en Palacio

Infiltrada en Palacio

Ante esa tienda estamos a solas con nuestras grandezas y pequeñeces.

05 de octubre 2020 , 10:37 p. m.

No se trata de ninguna Mata Hari que está perturbando a los altos heliotropos, ni de una espía en busca de fantasmas que habitan la casa donde ronca el césar de turno.

La infiltrada es algo amable, una institución que tiene programa sabatino en televisión: la tienda. Más exactamente, la tienda de la confianza.

Como no hay almuerzo ni visitas gratis, en una de sus idas a Medellín el presidente Duque quedó matado con una idea de la alcaldía de Fico Gutiérrez.

La filosofía de la tienda creativa paisa era esta: confiar en el otro es un ejercicio de fe (digo estaba porque la nueva administración la arrojó al cesto de la basura).

Esta tienda es una idea mockusiana en la medida en que busca acostumbrar a la gente a practicar la honradez. Es una bofetada a lo que un ingenio bogotano llamaba “enriquecerse primero y honradecerse después”.

A la tienda de la confianza, como la que está cerca del despacho del nuevo presentador de televisión Iván Duque, usted se acerca, ejerce el derecho a la libre mecatología, como la llama el poeta Eduardo Escobar, compra, paga su galguería, se devuelve si es necesario, y listo.

Nadie lo está monitoreando. Ante esa tienda estamos a solas con nuestras grandezas y pequeñeces.

Cuando compré en la tienda de la biblioteca de mi barrio recordé a Pessoa, quien sugiere tener el pudor “de advertir que, en presencia de nosotros mismos, no estamos solos, que somos nuestros testigos, y que por eso importa actuar ante nosotros mismos como ante un extraño”.

La tienda creativa también me recordó una registradora que hay en algunos países europeos que solo utilizan quienes se quedaron sin plata para pagar el metro. Nadie incurre en la avivatada de utilizarla para ahorrarse el pasaje.

Le falta el encanto de las de antes, que eran tiendas de día y bares de noche. El tendero era el periódico de la cuadra, el primero en enterarse de que fulanita había viajado a USA a hacerse operar de un rumor.

Era importante como el lechero, el cura y el médico familiar. En la actual coyuntura sanitaria, las tiendas han hecho el papel de sus vidas. Gracias.

Si algún día ocupo la alcaldía de la Ciudad de hierro, abriré tienda. Seguiré los pasos de mis abuelos tenderos que practicaban la trinidad laboral de trabajar, trabajar y trabajar.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDOwww.oscardominguezgiraldo.com

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