¡‘Habemus’ trillizos!

¡‘Habemus’ trillizos!

Trillizos no nacen todos los días. Son escasos, como los poemas dedicados a ellos.

12 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Cuando considerábamos clausurada la producción de nietos, nos acostamos aliviados y amanecimos convertidos en abuelos de trillizos. Preciso en agosto, mes de las cometas, de los viejos y de los abuelos.

De las cometas, una nieta de Gloria Zea lo dijo todo: “Abuela, las cometas demuestran la existencia del viento”. De la vejez cantó el juglar argentino Horacio Guarany: “Cuando llegues, vejez, no te insolentes, aprende a respetar a los mayores”. Le pongo papel carbón a este pliego petitorio.

Además de catanos, llevamos los inris de cuchos, veteranos, adultos mayores y, más recientemente, ‘septuagenials’, ‘octogeniales’... La población en condición de ‘extraedad’ agradece los eufemismos, pero mejor si nos dicen viejos. Al pan, pan.

Escrito no está, pero en los abuelos, los nietos tienen bobo propio de por vida. Un nieto es la prueba reina de que es posible la inmortalidad. Y la reencarnación

Entre otras razones, por la vecindad y complicidad entre los infinitivos envejecer y ennietecer. O abuelear, el verbo que amaba don Otto Morales Benítez, cuatro veces abuelo, y quien el 7 de agosto habría cumplido 99 abriles. Escrito no está, pero en los abuelos, los nietos tienen bobo propio de por vida. Un nieto es la prueba reina de que es posible la inmortalidad. Y la reencarnación.

Ahora, trillizos no nacen todos los días. Son escasos, como los poemas dedicados a ellos. Hay dos sonetos que el fallecido poeta Óscar Echeverri Mejía les dedicó a dos parejas de mellizos que tuvo con sus dos espléndidas esposas. De los mellizos Fernando y Horacio escribió: “Van de rencores y doblez, livianos, solo llevan amor, música y vino”.

De los mellizos Óscar Felipe y Carolina dijo: “Son los dos un espíritu irrompible, un solo corazón indivisible, que al unísono late en armonía”.

Pero es hora de hablar de nuestros nuevos trillizos. Se parecen, como los mellizos de Echeverri Mejía. Encajan también en un poema del transeúnte Rogelio Echavarría cuando admite que “nunca cambian de canción los pájaros”. Porque estoy hablando de trillizos con alas. De cucaracheros para ir al meollo del asunto. Papá y mamá cucaracheros comparten pensión con nosotros hace varios años.

Su nombre científico no les ayuda mucho: Troglodytes aedon. Aunque para mitigar la desazón cabe aclarar que ‘aedes’ les decían a los ruiseñores. Lo de trogloditas no tiene atenuantes.

Felizmente, nuestros mellizos australianos Mateo y Patrick no pierden el trono. De los trillizos alados conviene anotar que nacieron bien y pronto viajaron a su hábitat entre el viento. Se dieron la libertad por cárcel.

www.oscardominguezgiraldo.com

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