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Enemigos íntimos

Enemigos íntimos

El encuentro entre Duque y Santos fue tan largo como el de Uribe y Pastrana con Trump en Miami.

05 de diciembre 2021 , 10:06 p. m.

Como dice el lugar común: ‘No podía ser más elocuente’ la foto que publicó este diario en primera página del jueves 25 de noviembre.

Están frente a frente el que dijo Uribe para el período 2018-2022, el presidente Duque y el que había dicho Uribe años atrás, Juan Manuel Santos. Motivo y razón del encuentro: la celebración con artesanal pola –cero champaña– de los cinco años del acuerdo de paz con “lafar”.

En cada esquina, retrecheros, los protagonistas en ademán de engullirse al otro. Al centro, el expresidente Samper, listo a evitar que los gladiadores se den en la jeta delante de la visita, el mandamás de la ONU, António Guterres.

Los contrarios olvidaron el distanciamiento social que ordena el ritual del coronavirus. El nobel fue más allá y en la foto lució sin tapabocas.

En la gráfica, Duque mira a Santos a los ojos. Es lo que enseñan en Harvard para adivinar la verdadera intención del contrario. Santos no mira a los ojos. Va en busca de la mano sin alma que le tiende Duque.

En esto también hicieron historia porque en esta pandémica época, el saludo de manos pasó al cuarto del reblujo, desplazando el desangelado toque toque de los puños, la nueva joya de la corona de las buenas maneras. Duque y Santos pueden alegar que no vivieron en vano.

El encuentro entre los dos enemigos íntimos fue tan largo como el que sostuvieron los expresidentes Uribe y Pastrana con Donald Trump en Miami. La historia se repite porque carece de imaginación. Dicen.

Aparte del taquillero encuentro, tan amable como podría serlo el del condenado a la “ducha fría” de la guillotina con el verdugo, la controversia la armó el padre De Roux, delgado como el salmo 23, al afirmar que la paz desapareció de la agenda de los precandidatos porque no da votos.

Después de poner fugazmente la paz en el centro del debate, el jesuita enfiló baterías para conseguir el manjar blanco del Valle que les llevará de regalo a los hermanos Rodríguez a sus cárceles en Estados Unidos para que suelten la lengua con los nombres de quienes se lucraron de su vil metal y han pasado de agache.

El agua de valeriana y otros tranquilizantes empezaron a escasear en las farmacias. Los Rodríguez que se fueron, regresan para soltar la sin hueso. “Entonces será el llanto y crujir dientes”.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO
oscardominguezg@outlook.com

(Lea todas las columnas de Óscar Domínguez Giraldo en EL TIEMPO aquí).

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