En busca del cine perdido

En busca del cine perdido

Renunciaría a la deuda que la Cinemateca tiene conmigo si proyectaran películas del viejo Oeste.

20 de septiembre 2019 , 08:21 p.m.

El cierre de la Cinemateca Distrital me dolió en el sitio donde bosteza la nostalgia. Cerró su ciclo, pero me quedó debiendo tres mil pesos, cincuenta minutos y las películas Los primos, de Chabrol, y La diligencia, de John Ford. Espero que esa deuda la asuma la Cinemateca de Bogotá.

Para hacer valer mis derechos pienso contratar los servicios de un leguleyo que sea también cantante, truco patentado por James Rodríguez. Si pierdo, al menos tengo quien cante en la fiesta de la corrida de un catre.

La deuda tiene telarañas. Pagué 500 pesos por ver Los primos y 2.500 por La diligencia. En el primer caso deserté porque pasados cincuenta minutos no había empezado. La puntualidad está en el ADN de las cinematecas.

No pude ver a John Wayne disparando en La diligencia, que Orson Welles vio 22 veces en el Moma neoyorquino. Ese día ocuparon la sala con una rueda de prensa. Viendo películas del oeste, los presidentes made in USA aprenden a caminar con las piernas abiertas. Y a disparar. Son más peligrosos que Wayne porque tienen acceso al botón nuclear.

Soy carne de cinemateca. Si antes nos guiábamos por la lista de cintas prohibidas para todo católico, por principio los cinematequeros de la era del wasap huimos de películas que el primer día recaudan millones.

El mío con el cine fue otro caso de amor a primera vista. Veíamos películas en el ‘cine-manga’ que presentaba el párroco del barrio. Era su forma de reclutar catecúmenos.

Temprano descubrí que el milagro del cine ocurre cuando un chorro de luz se convierte en gente al contacto con un trapo blanco.

Generalmente, el habitante típico de la cinemateca es un sujeto que no morirá de estrés, tiene pinta de alterno, es miembro del ‘transmilenio set’; nada de Chanel, mucho pachulí.

Vi en la Cinemateca Distrital una película para mí solito, Los pasajeros, francesa, que cuenta la vida de gente como uno. Me sentí llevado al cine.

Como ando en busca del cine perdido, renunciaría a la deuda que la Cinemateca tiene conmigo si proyectaran películas del viejo Oeste. Interesados consultar a tres duchos en la materia: el maestro Guillermo Angulo, el librero Felipe Ossa, autor de Cómic: la aventura infinita, y el libanés Germán Santamaría, una biblia en el género. Así mi abogado-cantante tenga que rebuscarse otro cliente.

www.oscardominguezgiraldo.com

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