El encanto de decir no (2)

El encanto de decir no (2)

Como no quiero engordar ni envejecer, no me miro al espejo y me ahorro cirujano plástico.

31 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Llegó el momento de hablar del encanto de los noes en tiempo de coronavirus I:
Varios meses después, frente al pelotón de fusilamiento de la pandemia, confieso que no tengo alzhéimer sino ‘alpiste’, una mezcla de alzhéimer con despiste, según el mamo caucano Gustavo Wilches.

No estoy de siquiatra por el encierro. Pero felicité en su reciente cumpleaños a uno buenísimo, Alfredo de los Ríos. Hay que mantener las barbas en remojo.

No es mía esta frase: “Deja de preocuparte: nadie sale de este mundo con vida” (Clive James, escritor australiano).

No integro la lista de los 83 millonarios que pidieron pagar más impuestos a fin de dar una mano en la crisis. Pediré el ingreso porque soy millonario en tiempo libre, glóbulos rojos y espermatozoides.

“No, no y no”, como en el bolero famoso, le habría respondido al presidente de México en caso de que me hubiera preguntado si debía ayudarle a sumar votos en noviembre al enemigo público número uno de los inmigrantes, empezando por sus ninguneados paisanos.

Me debato entre el no mentir del padre Astete y el no dejar morir el arte de mentir, de Mark Twain. Creo que novelista que produjo amigos recuperados como Tom Sawyer y Huck Finn mata curita.

Como no quiero engordar ni envejecer, no me miro al espejo y me ahorro cirujano plástico o, mínimo, médico de la EPS.

Si a mis contrarios de la era del C-19 no les gustan mis principios se los cambio por otros, diría con mi gurú Groucho Marx.

No me veo como soldado raso de la revolución de las canas que encabeza del exministro Hommes, quien debería aprovechar para releer los ladrillos que produjo como ministro de Hacienda y los de sus antecesores y sucesores.

Otro jefe de los “pájaros dormidos”, Humberto de la Calle, puede dedicarse a extirpar gerundios vitandos y adverbios terminados en mente que se filtraron en los textos salidos de los acuerdos de La Habana.

No exagero si afirmo que el hombre antes, en y después de la pandemia sigue sin inventar del todo, como los celulares.

No. Esa fue mi escueta respuesta cuando me preguntaron en un formulario para ingresar a Estados Unidos si he sido traficante de drogas, prostituta o proxeneta. Y pude entrar a USA.

Señor: no más pandemias para demostrar que tienes la sartén por el mango.

Óscar Domínguez Giraldo
www.oscardominguezgiraldo.com

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