Trinidad de huesos

Trinidad de huesos

Si me hubieran consultado sobre la palabra del año 2020, les habría propuesto 'codo'.

08 de enero 2021 , 09:25 p. m.

Si los rostros de madera de la Academia de la luenga lengua me hubieran consultado sobre la palabra del año 2020, les habría propuesto codo, con la siguiente acepción: tres huesos distintos y un fin verdadero: saludar al prójimo.

Pero ese ménage à trois entre húmero, cúbito y radio ni siquiera fue mencionado. A mis espaldas escogieron la voz ‘confinamiento’. La lengua, que es la patria chica y grande de todos, se los demande.

El coronabicho que se resiste a retirarse a sus aposentos Tuta nos uniformó a 7.700 millones de personas (dato de Naciones Unidas) con cara de Subuso. Desde marzo del nefasto 2020, todos somos Subuso.

¿La razón de la nueva cara? Entre otras, que tuvimos que hacer el cambiazo de beso, abrazo y apretón de manos por el prosaico codo.

(Me asilo en este paréntesis para anunciar, urbi et orbi, que seré el vacunado siete mil millones. Ni uno más. Me lleva a hacer este sacrificio mi elevado sentido del altruismo. Primero los demás. Estoy de salida).

Ni Darwin en sus mejores días imaginó que el hueso responsable de la flexión y extensión del antebrazo, y de los movimientos de supinación y pronación (gracias, doctor Estrada, por la cartilla recibida), sufriría semejante evolución.

Además de servir para saludar, el codo incorporó a su repertorio la nada adjetiva tarea de pedir el ascensor. Todos estos nuevos oficios sin el mínimo reajuste salarial.

Solo ahora, con el sol a la espalda, vengo a descubrir que vamos por el mundo equipados con huesos de cuya existencia apenas teníamos noticia. Ni gracias les hemos dado.

Desde mis clases de anatomía en el bachillerato me llamó siempre la atención el esternocleidomastoideo. Me pareció increíble llevar encima un músculo de nombre tan largo. Consumidor voraz de crucigramas, nunca lo he visto propuesto.

¿Y qué tal la tal silla turca? Supe que nos acompañará hasta el horno crematorio cuando leí en algún libro de García Márquez que el agrimensor alemán Thugut “usaba una pomada de veneno de víboras que enardecía la silla turca de las mujeres”.

No sé, pero así como a las obras públicas les ponen nombres de personas vivas, así esté prohibido, es hora de que al codo le hagamos su estatua. Estas líneas son la primera piedra. (Bueno, los puños, que también fueron habilitados para saludar, ameritan hacer parte de la estatua).

Óscar Domínguez Giraldo
www.oscardominguezgiraldo.com

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