Candidómetro

En Colombia todo el mundo es doctor, maestro o candidato, mientras no se demuestre lo contrario.

22 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Escrito está que en Colombia todo el mundo es doctor (Alzate dixit), maestro o candidato, mientras no se demuestre lo contrario.

El guitarrista Andrés Segovia se extrañaba de que en Colombia llamaran maestro, al ‘máistro’ Salustiano Tapias, que lo distraía con sus cacofónicos martillazos mientras acariciaba corcheas y semicorcheas en un ensayo en el Colón. Cuando Borges pasó por aquí les pidió a los reporteros que lo llamaran Borges o usted. Maestro, no.

Estamos a años luz de las presidenciales, pero ya se pavonean soñadores dispuestos al sacrificio para mangonear en el país del Corazón de Jesús. O del Divino Niño, que lo desplazó en la víscera de los creyentes.

No pasa día sin que veamos imágenes de sonrientes candidotes. Está disponible una forma Minerva para aspirar: “Un grupo de amigos de todo el país me ha hecho la obligante invitación para que preste mi concurso...”. Y habemus precandidote.

Lo importante es sonar, escribir al llenar un registro de hotel: Excandidato presidencial. La música de la postulación les suena como uno de esos boleros que permitían acercársele a la amada ante la mirada de la suegra respirándonos en la nuca. Así los votos de los pretendientes al trono quepan en una caja de fósforos.

Anticipar candidaturas es otro deporte nacional como la casa por cárcel. O como la honradez por prescripción, como la que recientemente cobijó a Gustavo Petro, a quien es imposible olvidar, sonriente, metiendo en una prosaica bolsa de basura billetongo para una de sus campañas. Petro, lo sabe hasta un policía acostado, es el contrario por vencer.

Recuerdo que en plena campaña López Michelsen dijo en uno de sus discursos que había escuchado a alguien alzando la voz por radio. “Era apenas Carlos Lleras”, dijo.

Hace poco apareció en los periódicos la foto de una manifestación de tapabocas.
Eran apenas integrantes de la centroizquierda que tiene como mayorazgo al escéptico Humberto de la Calle. Al que madruga, Dios le ayuda.

Sin tener diploma chimbo de arúspice se puede adivinar que todos sueñan con coaliciones alrededor de sus tesis. ¿El ego para qué?

He instruido (¿¡) al doctor De la Calle para que arme la coalición... pero a su alrededor. O de quien esté comprometido hasta el tuétano con otro arcaísmo: la paz. Salvar una vida es salvar a toda la humanidad, me recuerda un pariente no circuncidado que bebe en el Talmud.

Óscar Domínguez Giraldo

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