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Brindis por los repetidos

Brindis por los repetidos

En su rumba anual, felicito a los mellizos, gemelos, trillizos y similares.

29 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Como vicepresidente de una asociación pirata que agrupa a coleccionistas de datos exóticos, supe que cada año nacen en el mundo 1,6 millones de mellizos (Universidad de Oxford), que su fiesta anual es el 26 de septiembre y que en agosto se celebra en Twinsburg, Ohio, otro tradicional festival de repetidos. Se incluyen mellizos, gemelos, trillizos y similares.(Lea además: Los amantes del Bronx)

¿Por qué el 26, que se acaba de celebrar? Elemental, queridos Watsons: según el Almanaque Bristol, este día se celebra la festividad de los santos Cosme y Damián, mellizos. Le creo al Bristol porque en cuestión de nombres y de días ideales para la pesca es más infalible que diez papas juntos.

Cosme y Damián nacieron en Arabia, estudiaron en Siria, pero el emperador Diocleciano tuvo a bien borrarlos del mapa por ser cristianos de los que nacen sobregirados en pecados, incluido el original, el menos divertido de todos. Y en el que menos velas tenemos los mortales.

De esos miles de mellizos, Mateo y Patrick, australianos de once años, son nietos de este aplastateclas. Los vimos crecer por Skype hasta cuando nos dieron con sus pecas, sus carnes y sus huesos en casa. Se parecen como Gan Gan y Gan Gon, de la canción de Richie Ray y Bobby Cruz.

El uno es la selfi del otro. Difícil diferenciar cuál es Mateo y cuál Patrick. Cuando solo uno aparece en escena los veo a los dos. No sé si cuando crezcan aprovecharán su condición para repartirse –o gallinacearse– las viejas que levante el hermanito.
El fallecido poeta Óscar Echeverri Mejía vivió aquello de que para ser feliz hay que tener una buena mujer y una buena exmujer.

Con ambas féminas tuvo repetidos: hombre y hombre, Horacio y Fernando, y mujer con hombre, Felipe y Carolina. “Van de rencores y doblez, livianos, solo llevan amor, música y vino”, dice uno de los tres sonetos que les dedicó su taita, y que me habría gustado escribir. Pero poco se me dan los sonetos. No paso del primer cuarteto, o llego sin ninguna poesía al segundo terceto.

En su rumba anual, felicito a los mellizos que en el mundo son, empezando por mis dos canguritos, a quienes suelo repetirles este mantra de un aborigen australiano: “Todos estamos de visita en este momento y en este lugar. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa”.

OSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO
oscardominguezg@outlook.com

(Lea todas las columnas de Oscar Domínguez Giraldo en EL TIEMPO, aquí)

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