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Analfabeto digital

Analfabeto digital

En mi barrio, solo el potentado de la cuadra tenía televisión.

23 de agosto 2021 , 12:06 a. m.

No obstante haber estado en contacto con toda clase de ‘medios’, inclusive desde antes de nacer, la vida se vengó graduándome de analfabeto digital.

Gracias a un telegrama escribo estas líneas. Mi taita había dejado colgada de la brocha a su frágil Dulcinea, que a los 18 años se sentía dejada del tren.

A pesar de que vivían en el campo, la novia se las apañó para hacerle llegar este telegrama al enamorado: “Tu silencio no opónese recordarte. Genoveva”. El retrechero galán volvió al redil, y en cuestión de años nueve personas más habitábamos lo que queda del medio ambiente.

Mis primeras columnas las escribí con lágrimas. Como furioso bebé de la primera fila, presentaba beligerantes pliegos de peticiones de un solo punto: el tetero, ya.

Temprano utilicé el eco, selfi con palabras. El eco convertía el viento en rotativa y nos permitía a los niños lanzar mensajes que nos rebotaban: “José, ataje la mula que el macho se fue...”.

A los tres años, por una destartalada radio supimos que Echandía iba para Palacio en compañía de Lleras Restrepo. Iban a pedir renuncias el 9 de abril de 1948. Regresaron con las manos vacías.

A los siete abriles entré en contacto con el periodismo. A esa edad vendía ‘El Colombiano’ y ‘El Correo’ en el parque de La Estrella, municipio situado a un estornudo de Medellín. El periodismo me entró por ósmosis, pues los voceadores solíamos llevar el diario debajo del sobaco.

La llegada del teléfono, negro, de pared, a casa, fue como si la Virgen de Fátima se nos hubiera aparecido a nosotros, no a los tres pastorcitos.

En mi barrio, solo el potentado de la cuadra tenía televisión. Los chinches arreglábamos fácilmente el asunto: llevábamos un ladrillo, nos trepábamos en él, y desde “esa comba altura” veíamos algunos programas a través de la ventana de la casa de don Jesús ‘Conejo’.

El prontuario anterior explica que me haya ganado los garbanzos trabajando en radio, televisión y prensa.

Me extraña, pues, que no obstante mi madrugador contacto con los ‘medios’ mencionados, la vida me haya negado habilidades para aprovechar la era digital que nos tocó en reparto.

Soy un analfabeto digital que se enreda actualizando el seguro exequial, pagando cuentas de servicios, arriendo, prepagada, comprando pasajes baratos. Tergiversando a Amado Nervo: vida, mucho me debes; vida, no estamos en paz.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO

(Lea todas las columnas de Óscar Domínguez Giraldo en EL TIEMPO, aquí).

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