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El país está desconectado, ¿qué hacer?

El país está desconectado, ¿qué hacer?

Llegó la hora de que todos pongamos un granito de arena para solucionar problemas de conectividad.

23 de julio 2020 , 09:25 p. m.

Un especial multimedia de la Unidad de Datos de EL TIEMPO demostró que es cierto lo afirmado en mi columna en Portafolio en los últimos ocho años. El país está desconectado y le apostó a la banda ancha móvil en detrimento de la fija. Conclusión: llegó un hecho extraordinario, la pandemia de covid-19, y entendimos que no es lo mismo conectarse desde un móvil que desde un PC y que la banda ancha móvil es una carretera muy angosta para las necesidades de teletrabajo y teleeducación que exigió la cuarentena impuesta por el covid-19.

Un personaje de los medios capitalinos, hablando de estos temas, me contó una anécdota acerca de los problemas en su residencia porque ha tenido inconvenientes de conectividad. Incluso tuvieron dificultades para una conexión de una videollamada con la alcaldesa distrital. Imagínese –le dije–, si Bogotá tiene problemas de conectividad, cómo estará el resto del país.

El informe mencionado dice que Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Ibagué, Pereira, Cúcuta, Villavicencio y Soacha concentran el 60 % de las conexiones fijas a internet en Colombia.

Durante muchos años, un puñado de analistas e investigadores advertimos que apostarle a la banda ancha móvil no era una buena apuesta. Entiendo que los operadores no quieren hacer ese esfuerzo. Las leyes los favorecen. Pero hoy, internet es una necesidad. Ya ha sido introducida la expresión ‘servicio público esencial’ en varios documentos de la emergencia económica y social decretada por el Gobierno ante la pandemia. El viceministro Iván Mantilla dijo, en un evento virtual donde estuvimos juntos, que conectar el país podría ser un esfuerzo de 34 billones de pesos y que el Mintic, obviamente, no los tiene. Mucho más en estos momentos de recesión económica, debido a la situación anormal que vivimos, que no nueva normalidad; jamás lo aceptaré. Como dijo Fernando Savater: “Vamos a seguir siendo lo mismo, pero un poco peor”.

¿Qué hacer? Las crisis demandan nuevas soluciones. Llegó la hora de que todos pongamos un granito de arena para solucionar los problemas de conectividad y que un padre de familia no tenga la disyuntiva de resolver si compra una libra de carne o les hace la recarga del celular a los niños. Por años, las regalías han sido tradicionalmente muy mal utilizadas por los gobernantes territoriales, con algunas excepciones. Ya hay el mecanismo legal que permite las asociaciones público-privadas para el desarrollo de proyectos de TIC y telecomunicaciones. Una forma de permitir que los gobiernos territoriales apalanquen ese tipo de proyectos es autorizándoles destinar parte de sus regalías directas a mejorar la conectividad de los hogares de los niños y jóvenes de la educación pública. OJO. Regalías directas, no de ciencia y tecnología. Así como hay regalías directas para agua y saneamiento básico, también debe haber para mejorar la conectividad de los más pobres. Lo he hablado con varios gobernadores, y comparten la idea. Asimismo, con un par de funcionarios de muy alto nivel de dos grandes operadores del país, y también les sonó. Espero que a la ministra Karen Abudinen le suene la idea.

Por supuesto, debe haber una reglamentación muy estricta, draconiana, de la forma de presentar y contratar esos proyectos para que no sean proyectos fallidos, llenos de corrupción e insostenibles en el largo plazo. ‘Todos deben poner’ significa que el hogar también pondrá. Algo cómodo, por la subvención del Estado para que le llegue la red, pero debe poner.

La pelota está en manos del presidente Duque para tramitar la reforma que nos permita solucionar este dilema y que no deba repetirse la historia del año con la mayor deserción escolar.

Nicola Stornelli García
Analista de tendencias digitales y columnista de ‘Portafolio’@puertodigital

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