La guerra en el Cauca

La guerra en el Cauca

Tiene en su territorio los tres primeros eslabones de la cadena logística de las drogas ilícitas.

05 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

La masacre en el municipio de Tacueyó hizo que la grave situación del Cauca esté en la primera plana de la agenda nacional, pero esta circunstancia no es nueva. La guerra en ese departamento ha crecido exponencialmente desde hace más de un año, con combates entre los múltiples grupos armados ilegales, la presencia de emisarios del cartel de Sinaloa, el asesinato de líderes sociales, el uso de minas antipersonales, los cultivos de coca y marihuana, las rutas de salidas nacionales e internacionales de la droga, el asesinato y amenazas a candidatos a concejos, asambleas y alcaldías, y el regreso de las extorsiones y el control territorial. Todo esto convierte al Cauca en una de las regiones más convulsionadas del país. Para entender cuáles son las razones por las que el departamento está en una guerra de este nivel y quiénes son los que se disputan a sangre y fuego la región, es necesario revisar cuatro factores.

Primero: el Cauca tiene en su territorio los tres primeros eslabones de la cadena logística de las drogas ilícitas: cultivos, procesamiento y tráfico. En cuanto a los cultivos de hoja de coca, el último informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) dice que el departamento está sobre las 17.117 hectáreas sembradas, con un crecimiento del 7 por ciento en comparación con el año anterior; adicionalmente, los laboratorios de procesamiento de hoja de coca cada vez producen mayor tonelaje y, como agravante, en la región se encuentra una de las rutas más importantes de salida de droga, conocida como el ‘arco del Pacífico’, la cual comienza en la costa Pacífica caucana y nariñense y continúa hacia las costas ecuatorianas por vía marítima para llegar a las islas Galápagos, de allí se abren en el océano Pacífico en forma de arco hasta llegar a las costas mexicanas para finalmente tomar rumbo a los Estados Unidos.

El principal comprador por la costa Pacífica caucana es el cartel de Sinaloa, el cual hace presencia hoy en Colombia con emisarios encargados de verificar la cantidad y la pureza de la droga en los laboratorios. Estos emisarios no tienen una presencia física masiva, pero sí ejercen poder a partir de las alianzas con las estructuras armadas ilegales presentes en el territorio. Sumado a lo anterior, desde el Cauca también se maneja una ruta interna de droga, que va por la vía Panamericana rumbo a Cali, Bogotá, Medellín y la costa Atlántica, lugares desde donde se distribuye la mayor parte de marihuana y bazuco que se produce en el departamento.

Segundo: al igual que en los demás territorios donde el conflicto se intensificó, se ha presentado el fenómeno del espacio de vacío de poder, es decir, salieron las Farc y el espacio no fue ocupado por el Estado, razón por la cual llegaron diversos grupos armados ilegales a ocuparlo.

Tercero: los principales grupos armados que se disputan el Cauca hoy son: disidencias del frente sexto de las Farc, columna móvil ‘Dagoberto Ramos’, frente ‘Libardo Mora Toro’ (‘los Pelusos’) y ‘clan del Golfo’.

Cuarto: los principales mercados ilegales que se disputan son dos: el narcotráfico, que, como se mencionó, va desde el control de los cultivos, los laboratorios y las rutas de salida nacional e internacional, y segundo, la minería ilegal. Ahora bien, el crecimiento de estas estructuras armadas también tiene tres factores históricos; el primero es el abandono estatal estructural que ha sufrido el departamento del Cauca, una región con altos indicadores de pobreza, sin un desarrollo de infraestructura importante, sin ningún tipo de desarrollo comercial de su costa Pacífica, con problemas de salud, educación e interconexión. Segundo, es un departamento que ha sufrido por el uso y la posesión de la tierra, pues indígenas, colonos, campesinos y afros han quedado enfrascados en una difícil lucha contra terratenientes que se apoderaron de las tierras de forma violenta, y donde también guerrillas y paramilitares robaron tierras y se las repartieron a su antojo, hecho que derivó en un desplazamiento masivo. Tercero, un efecto globo entre la Fuerza Pública y los grupos armados ilegales, donde las Fuerzas Militares, tras cada mascare como en esta ocasión, llegan con un número importante de tropas, mueven a los grupos ilegales y estos solo cambian de lugar; sin embargo, apenas los militares se retiran, las estructuras al margen de la ley vuelven a ocupar los mismos territorios, generando un círculo vicioso histórico.

No obstante las diversas alertas tempranas que emitió la Defensoría del Pueblo, pese a que el año pasado tuvimos una masacre con 7 muertos, y aunque desde hace más de un año se alertó sobre la presencia de emisarios del cartel de Sinaloa, no sucedió nada, tuvo que haber ocurrido una nueva masacre para que por fin se diera una respuesta mediática del Gobierno. Esperamos que esta no solo sea coyuntural y de Fuerza Pública, sino que la inversión y el desarrollo lleguen al Cauca, una región que nunca conoció la paz.

* Director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz

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