Secciones
Síguenos en:
Pensionados y ahorradores no duermen

Pensionados y ahorradores no duermen

Es lamentable la decisión de meterse con el ahorro pensional, en medio de las angustias presentes.

Ha sido necesario echar mano de cuanto recurso existe para poder atender responsablemente, como se ha hecho, la crisis creada por el covid-19. Como el presupuesto nacional no es un barril sin fondo, de aquí en adelante habrá que saber priorizar el gasto, aplazar compromisos y buscar nuevos recursos, con sentido de realismo y prudencia.

Un presunto déficit fiscal del 8 por ciento nos anuncia, ciertamente, un período de dificultades. Es justamente frente a esta situación frente a la que hay que actuar con ponderación y visión de largo plazo, sin desespero, para evitar caer en soluciones que puedan causar más daño.

Por ejemplo, es francamente lamentable la decisión de meterse con el ahorro pensional, en medio de las angustias presentes. Colombia no puede olvidar que el antiguo Seguro Social hizo trizas los ahorros pensionales de los colombianos, al punto de que Colpensiones no recibió un solo centavo de reservas actuariales. Tamaño crimen nos cuesta este año, por aportes al sistema general de pensiones, un monto igual al que prevé el presupuesto para educación: 44 billones de pesos.

Pasar 20.000 pensionados de un salario mínimo de los fondos privados a Colpensiones, por un valor de 5 billones, no beneficia a los pensionados, cuyas mesadas están aseguradas por el Fondo de Garantía de Pensión Mínima. Tampoco favorece a las administradoras de pensiones ni perjudica a Colpensiones, porque como cualquier faltante para la pensión mínima se atiende contra ese fondo, nunca se afectará el patrimonio de estas entidades. Entones ¿a quién se benefició? La respuesta la ofreció con honestidad el propio ministro Carrasquilla: se trata de atender “un faltante de caja de Colpensiones”.

Con esta medida, expedida en “estado de necesidad presupuestal”, se sienta un gravísimo precedente para quienes, en las actuales circunstancias, ven un ‘bocatto di cardinale’ en los 300 billones de pesos que valen las reservas que administran los fondos privados. Este ahorro es sagrado porque pertenece a los trabajadores. Entre nosotros debería apreciarse como una gran masa de recursos intocables en los cuales puede apalancarse la recuperación de la actividad económica, con una apropiada regulación del mercado de valores. Pero, por primera vez, se demostró que puede usarse como caja menor del sector público.

Este antecedente también sirve para envalentonar a quienes siempre les echan el ojo a los dineros del sistema financiero para hacer fiestas, proponiendo inversiones forzosas y la intervención de la cartera. ¿Acaso no se han logrado enterar de que los bancos no son más que unas tiendas llenas de dinero ajeno? Desde la Edad Media, los tenderos que las administran son profesionales especializados en proteger el ahorro del público. Por fortuna, el Gobierno tiene claro que no puede hacerles eco a quienes quieren meterse con la plata de los depositantes; estos son muy inteligentes y si ven que su dinero está en riesgo, podrían generar una crisis sistémica. La última nos costó 15 puntos del PIB.

El ambiente está tan caliente que se dicen muchas cosas tontas. Ha llegado a plantearse, por ejemplo, un incremento del 4 × 1.000, con cargo a los bancos. Sus autores afirman que este gravamen nació en el año 1998 para salvarlos de la quiebra y que ha llegado la hora de que devuelvan atenciones. Esto es falso. Como ministro del Interior estuve en primera fila en la emergencia económica en la que nació este tributo, que tuvo como objetivo darles una mano a los deudores hipotecarios y salvar la banca pública y la banca cooperativa, como lo reconoció la Corte Constitucional (sentencia C-136 de 1999). Lo más grave es que la propuesta que se discute en redes y en ciertos foros calificados olvida que quienes esencialmente pagan este gravamen son los clientes de los bancos.

No podemos jugar con candela. Pero, como no faltan los pirómanos, los ahorradores y pensionados, que pasan de los treinta millones, deben estar durmiendo con los ojos abiertos.

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.