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La vacunación: una oportunidad de nación

La vacunación: una oportunidad de nación

El fracaso sería como sociedad y pasaría factura a todos por igual.

Si la política multilateral funcionara a partir de la razón y no de los intereses, hace rato tendríamos una vacuna universal contra el covid. Pese a la gravedad de la pandemia, que se ha cobrado la vida de millones de seres humanos, los líderes del mundo fueron incapaces de consensuar una política global para que la producción y distribución de las vacunas no quedaran sometidas a las leyes de la oferta y la demanda.

El diálogo global fue un fracaso. Según se dice en Naciones Unidas, los países industrializados no permitieron construir una acción ecuménica en este campo. De esta manera se malogró que las vacunas fueran un bien público internacional y hoy son un verdadero ‘commodity’, como el petróleo, el café o cualquier otro.

En el siglo del humanismo y de la solidaridad, que tanto sirve para la retórica de la burocracia internacional, tuvimos que resignarnos a ver que las dosis beneficien más rápido a los países más ricos y a quienes más paguen por ellas, con el riesgo de que la vacuna llegue tardíamente al tercer mundo. La economía de mercado por encima de la equidad universal.

Ahí no para el problema. Donde nos llevan la delantera, también empieza a observarse una manifiesta inequidad en el acceso a las vacunas. En Estados Unidos, que es modelo de Estado democrático, esta semana ha surgido una controversia acerca del denominado ‘privilegio blanco’. Las estadísticas muestran que los blancos han tenido acceso a la vacunación en una relación que dobla con creces las cifras de los americanos afros y las de los latinos, aunque estos grupos poblacionales poseen las mayores tasas de mortalidad por covid. En algunos estados la situación es tan crítica que más del 80 por ciento de las vacunas han sido para los estadounidenses de raza blanca.

El anhelo colectivo contrasta con las expresiones de politiquería que han empezado a surgir. Nada más equivocado. El fracaso sería como sociedad y pasaría factura a todos por igual.

Los analistas indican que esta realidad puede ser producto de una expresión de la exclusión racial o de prevenciones culturales en ciertas comunidades, por problemas de educación. Cualquiera que sea la razón, en todo caso, constituye un desafío para las autoridades superar el problema, al punto de que el alcalde neoyorquino, Bill de Blasio, ha dicho que estos datos destacan el “profundo problema” de desigualdad racial en medio de la pandemia.

Mientras el panorama internacional está caracterizado por la inequidad y la exclusión, en Colombia deberíamos empeñarnos en hacer del Plan Nacional de Vacunación un modelo de éxito, de solidaridad y de disciplina colectiva, en medio de la escasez de dosis, que de seguro subsistirá, como ocurre en todos los países, no obstante los buenos propósitos del mecanismo Covax. Frente a la fractura social y política de los últimos tiempos, este podría ser un pretexto para construir caminos de unidad.

Tenemos que hacer una causa común para que los principios de gratuidad, universalidad, prevalencia y progresividad, propios del modelo, logren cumplida realización en sus dos fases. No puede ser un sueño ver vacunados prontamente a los trabajadores de la salud y a los mayores de ochenta años, tanto en las grandes capitales como en los sitios más remotos del país. Sería el renacer de la esperanza.

Este anhelo colectivo contrasta con las expresiones de politiquería que han empezado a surgir. Que solo le apuestan al fracaso por razones de mezquindad, con la convicción de que ello solo les hace daño a los gestores de la política de salud. Nada más equivocado. El fracaso sería de todos como sociedad y pasaría factura, por igual, a los pregoneros y patrocinadores del desastre. Por ejemplo, con sus preguntas socarronas sobre la suerte de la vacunación, la alcaldesa de Bogotá no solo le dispara a la Casa de Nariño. Claudia Nayibe debería entender que por el manejo de la pandemia y sus inoportunas vacaciones ha perdido más de treinta puntos de favorabilidad. De esta salimos todos o nos hundimos todos.

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

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