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Ingenio frente a la encrucijada fiscal

Ingenio frente a la encrucijada fiscal

El Gobierno deberá decidir próximamente si se mete en la vacaloca de tramitar una reforma tributaria

La situación que ha generado la pandemia en las finanzas públicas tiene contra los palos al Gobierno, que deberá decidir próximamente si se mete en la vacaloca de tramitar una reforma tributaria. El instinto indica que, en tiempos de campaña, nada bueno puede pasarle a un proyecto de esta naturaleza en el Congreso. Ya algunos partidos empiezan a hacer propuestas o a colocar vallas públicas sobre los impuestos, con cálculo electoral. Por ello ha hecho bien el Presidente en no comprometerse abiertamente con este embeleco.

Los ortodoxos aplauden el trámite de la reforma. Andan con tapaojos para no mirar la realidad. No evalúan el menú de opciones disponible para enfrentar la coyuntura, ni mucho menos la conveniencia de aumentar la carga tributaria en momentos de recesión y sin que, por otro lado, aún se tenga certeza absoluta sobre el nivel de gasto público que demandará la reconstrucción del tejido económico y social que ha quedado destrozado por causa del covid.

En lo político, claro que hay interés de los sectores de izquierda y del mamertismo en que el Presidente se meta en este lío, para desgastarlo frente a la opinión, pasarle factura a la coalición de gobierno y dejar despejada la autopista del 2022.

Una reforma técnica sería impopular. Tendría que aumentar efectivamente la base tributaria, hacer más eficiente el impuesto al consumo, desmontar las deducciones y exenciones tributarias y darles nuevas opciones de recaudo a los entes territoriales. Pero las mayorías parlamentarias considerarán que políticamente es más rentable volver a clavar a los de siempre, con un nuevo impuesto al patrimonio, ampliar el impuesto a los dividendos y, de paso, volver a la tasa impositiva que tenían las sociedades al empezar el Gobierno.

Una buena pócima para golpear más la inversión en este país. La ceguera del populismo no ha dejado ver que, según datos del Banco Mundial, en Colombia una empresa paga en impuestos el 71 % de sus utilidades, mientras a nivel mundial esa tasa es del 40 % y en Estados Unidos y Europa, un porcentaje menor que la mitad del nuestro. Por eso es que hoy no tenemos empresarios haciendo inversiones y son muy pocos los proyectos privados de gran envergadura en el país. No se necesita saber de economía para entender que, en un mundo globalizado, el poco capital que queda anda husmeando sobre cuáles son los países que lo reciben con los brazos abiertos.

¿Qué hacer entonces para financiar gasto, cuando hemos llegado a un alto nivel de endeudamiento? El petrismo ha propuesto financiar gasto apelando a la espuria emisión de billetes, una puerta que quedó prácticamente clausurada en la Constitución del 91. Esta iniciativa terminaría envileciendo nuestra moneda, dando rienda suelta a la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos y atizando la inflación en tiempos de normalidad. Una receta chavista que acabó con el bolívar y la economía venezolana, ahora dolarizada.

Por ello hay que incentivar a Carrasquilla para que siga dándole rienda suelta a su ingenio. Hace poco, por ejemplo, se liberó encaje monetario para financiar al Gobierno en 9 billones. Otra fuente importante es la movilización de activos, como la venta de ISA a Ecopetrol. Esta fórmula equivale en recursos a dos reformas tributarias, dinamiza el mercado de capitales y evita caer en el riesgo de privatizar este activo estratégico en materia de energía.

El Gobierno tiene otra gallina con huevos de oro: los bienes que en estos años se le han confiscado al crimen y que SAE mantuvo por años escondidos bajo sus alas, sin beneficio efectivo para el Estado. Gracias a la Ley 1849 de 2017, esos activos incautados pueden ser enajenados tempranamente. No hay pretexto para seguir en las mismas de antes, nombrando depositarios. Con decisión política pueden venderse y recaudar, cuando menos, otros 15 billones.

Fórmulas es lo que hay. Hay que tener cuidado de no dejarle la iniciativa al “estado de necesidad electoral”.

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

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