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‘Estanflación’, ¿el nombre de la nueva pandemia?

‘Estanflación’, ¿el nombre de la nueva pandemia?

América Latina es la región con la situación más crítica en materia de precios, a nivel mundial.

08 de enero 2022 , 10:19 p. m.

Junto con la expansión del covid, la inflación es hoy la otra gran preocupación con que amanece el mundo en el año 2022. Y tiene que serlo, porque se trata de un impuesto regresivo que ataca especialmente a la clase trabajadora, que pierde capacidad de compra para atender sus necesidades básicas, como resultado del crecimiento de los precios.

Hoy por hoy, la inflación ataca por igual a naciones en desarrollo y a países que tradicionalmente le han concedido una gran importancia a su control. Entre estos últimos, el caso de los Estados Unidos puede ser el más significativo, cuyo índice de precios al consumidor creció un 7 %, al término del año pasado, una tasa jamás vista en décadas y más de tres veces superior a la inflación objetivo del banco de la Reserva Federal.

América Latina es la región con la situación más crítica en materia de precios, a nivel mundial, según el Fondo Monetario Internacional. Venezuela posee la inflación más alta del mundo (1.197 %), por razones estrictamente asociadas a la ausencia de una oferta de bienes y servicios adecuada al nivel de demanda, producto de la escasez de bienes importados y de la destrucción del aparato productivo del país, las grandes herencias del modelo chavista.

La situación también es preocupante en los países que lideraron la hiperinflación de los años ochenta. En Argentina, la inflación se salió de madre; hoy es superior al 50 %. Y ni qué decir de Brasil, donde se triplicó la tasa estimada por el banco central. Lo que pasa en México no es muy diferente, con un crecimiento de los precios anualizado para el 2021 del 7,51 %, el más alto en veinte años.

Colombia no les debe abrir las puertas al populismo económico y al modelo de empobrecimiento del vecindario, con ocasión de las próximas elecciones presidenciales

La teoría económica, que es más sencilla de lo que nos la pintan, explica fácilmente lo que está ocurriendo: cuando la capacidad de compra se dispara, entre otras razones por los planes de alivio gubernamentales, y la oferta de productos no crece a la misma velocidad, los mercados se ajustan mediante un aumento generalizado de los precios. Es lo que está ocurriendo como un fenómeno pospandémico, porque el covid ha dado lugar a grandes subsidios y apoyos oficiales, al mismo tiempo que contrajo la producción de bienes en los mercados y condujo a un desabastecimiento de materias primas, por problemas asociados a la cadena logística del comercio global.

En eso andamos, y por ello hay que ser muy cautelosos. Particularmente porque hacia adelante, sin el rebote de la economía, algunos países pueden entrar en un fenómeno de estanflación, la tragedia que ha vivido Venezuela en los últimos tiempos. El peor de los mundos, en el que la economía no crece, los precios se ponen por las nubes y aumenta el desempleo. ¡La crisis! Chile, por ejemplo, pasará de un crecimiento del PIB del 12 %, este año, al 1 y al 0 % en los años 2022 y 2023, respectivamente, aún sin el efecto Boric. Se estima que Brasil crecerá escasamente el 0,3 % en el 2002 y, según la Ocde, México lo hará a la mitad del 2021. Si se produce esta desaceleración de la economía regional, en medio de una inflación persistente, el futuro pinta realmente calamitoso.

En contraste, nuestro país puede alcanzar en este nuevo año la tasa de crecimiento más alta de la región, según la Ocde. Ello dependerá, claro está, de la economía política. En efecto, el cumplimiento de los pronósticos para el 2022 requiere, principalmente, que Colombia no les abra las puertas al populismo económico y al modelo de empobrecimiento del vecindario, con ocasión de las próximas elecciones presidenciales, lo que puede tener efectos devastadores. Deben entenderlo los ciudadanos.

Taponazo. Los gurús de la investigación económica le hicieron titular a EL TIEMPO, el pasado mes de noviembre, que el dólar a 4.000 pesos sería “poco viable”, al cierre del 2021. Sus modelos predictivos deberían ser sensibles al “riesgo Petro”.

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

(Lea todas las columnas de Néstor Humberto Martínez en EL TIEMPO aquí).

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