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El BID, en manos de Biden

El BID, en manos de Biden

El pasado muestra que esa relación ha tenido tiempos borrascosos.

La eficacia de la cooperación internacional con América Latina está asociada, de alguna manera, a la fortaleza y el desempeño del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuya asamblea de gobernadores se llevará a cabo este mes en Barranquilla.

En el centro de esta asamblea estará gravitando permanentemente la relación del nuevo gobierno americano con la nueva administración del BID. Este no es un asunto menor, porque desde su constitución los americanos han sido actores fundamentales del crecimiento del banco y poseen el 30 % de su capital.

El pasado muestra que esa relación ha tenido tiempos borrascosos. En el año 2009, la alianza con Estados Unidos se afectó como resultado de que el BID, entre los años 2006 y 2008, registró pérdidas netas acumuladas por US$ 3.330 millones de dólares. Por primera vez, en el 2008, fueron negativos los ingresos provenientes de sus inversiones y su reserva general alcanzó un déficit total de US$ 3.966 millones de dólares. Es decir, en tan solo este corto período se perdió una parte relevante del capital del BID de la época. Algo inédito.

Frente a esta situación financiera surgió la novena reposición de capital, que inicialmente se miró con reticencia. En el 2010, finalmente Estados Unidos optó por participar en el más grande incremento de capital de toda la historia, condicionándolo a que se llevaran a cabo una serie de reformas encaminadas a reforzar el enfoque estratégico del BID y a ganar en eficiencia administrativa, para que el banco volviera a ser competitivo. Al efecto se dispuso que la Oficina de Evaluación y Supervisión del BID (OVE) llevara a cabo una evaluación intermedia de las reformas; esa evaluación del 2013 reconoció que las políticas crediticias del banco tenían “relativamente poco contenido estratégico o analítico” y concluyó que las reformas habían sido “limitadas” en la selectividad estratégica del BID.

Otro informe de OVE, del 2018, precisó que “aun cuando la reducción de la pobreza y la inequidad fue un pilar medular del Noveno Aumento, hay escasa evidencia de que el Banco se haya concentrado más directamente que antes en estos temas” y sentenció que la reformas habían tenido un “efecto moderado en la selectividad estratégica del banco”.

Ojalá Barranquilla sirva de marco para una asamblea exitosa y que Mauricio Claver-Carone no lo olvide, como tampoco pase por alto que el Gobierno de Colombia se jugó a fondo en su candidatura

A estos problemas se agrega que es insuficiente el músculo del BID para atender las crecientes necesidades de financiamiento regional. Aunque al finalizar el año pasado, en medio de la pandemia, el presidente Claver-Carone alcanzó una cifra histórica de créditos por más de 21.000 millones de dólares, en los años anteriores cayeron las aprobaciones crediticias. Por ejemplo, el nivel de préstamos aprobados en el 2019 se contrajo en cerca de un 10 %, en momentos en que la CAF, que es la mitad del BID, aprobó operaciones en América Latina por un valor de US$ 13.010 millones de dólares, cifra superior a la del BID.

En el futuro, el aporte del BID a nuestra América dependerá, en buena medida, de que los préstamos continúen por el sendero del crecimiento. De allí la importancia del aumento de capital que se discutirá en la próxima asamblea, cuya suerte dependerá esencialmente de Biden y de que los gobernadores no se dediquen al ejercicio de la política, discutiendo la nacionalidad del nuevo presidente y de su cercana relación con el expresidente Trump.

Ojalá Barranquilla sirva de marco para una asamblea exitosa y que Mauricio Claver-Carone no lo olvide, como tampoco pase por alto que el Gobierno de Colombia se jugó a fondo en su candidatura, de suerte que el país mantenga la participación de privilegio en la cartera del BID, que ha sido un gran logro en la última década. Por ahora, lo que se sabe es que Colombia perdió la representación que mantuvo por años en los cargos directivos del Banco. Habrá que recordarle en la Arenosa que “la gratitud es la memoria del corazón”.

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

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