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Constituyente a la Constituyente

Constituyente a la Constituyente

La Constitución de 1991 ha dado lugar a una asimetría entre derechos y obligaciones ciudadanas.

25 de julio 2021 , 02:53 a. m.

Se celebró este mes, por todo lo alto, el trigésimo aniversario de la Constitución de 1991, que diseñó nuestro Estado social de derecho, con una moderna carta de derechos que está en el corazón de los afectos nacionales. Pero, hay que decirlo, el unanimismo con que se la quiere ponderar en cada aniversario ha terminado inhibiendo la discusión pública de su necesaria reforma.

Su principal lunar no consiste en que su firma se haya efectuado sin texto concluido, en hojas en blanco. Tiene que ver con la presunta injerencia de los narcos en la Constituyente para prohibir la extradición de colombianos, el objetivo de los narcoterroristas. Si la extradición era en su momento la más temida herramienta en la lucha contra los carteles, ¿cómo se dio este paso? En reciente entrevista a ‘Semana’, el exconstituyente Juan Carlos Esguerra manifestó que en aquella época “... el doctor Humberto de la Calle (...) se mandó perder, no estuvo nunca”, en contraste con la valiente defensa que, hasta ese momento, libraron todos los ministros que tuvieron que enfrentar la misma situación. En sus ‘Memorias dispersas’, mejor selectivas, De la Calle ha debido explicar lo que ocurrió. No fue así, aunque a lo largo de su libro deja entrever una razón existencial, al calificar la lucha contra el narcotráfico como un “calvario” (p. 164) o un “viacrucis” (p. 178).

Más allá de este polémico asunto, la Constitución de 1991 ha dado lugar a una asimetría entre los derechos y las obligaciones ciudadanas que hace insostenible el contrato social. En estos días ha quedado claro, por ejemplo, que el derecho a la protesta de unos cuantos prevalece sobre el derecho a la vida y las libertades del conjunto de los colombianos. Además, la Constitución económica que nos gobierna no desarrolla el deber solidario de contribuir a sufragar la realización de los derechos fundamentales y colectivos, lo que permite que solo tres millones de personas declaren renta y apenas la mitad de ellas paguen impuestos.

La vía para superar la disfuncionalidad de nuestro Estado es una constituyente limitada en sus funciones. Algunos prefieren correr el riesgo de que estas enmiendas se hagan como resultado de revueltas

Igualmente grave es que la arquitectura institucional del 91 no ha dado muestras de funcionar. El sistema político constitucional no facilita la construcción de consensos o de sueños colectivos. Por el contrario, existe una manifiesta crisis de representación en nuestra democracia que es fuente de la anarquización y el déficit de diálogo social.

El presidencialismo colombiano sufrió una merma efectiva de poderes frente a la reforma del 68, que en la práctica lo ha convertido en un poder público ‘eunuco’, reducido al papel de enfermero de emergencias. Hasta el manejo del orden público le ha sido usurpado de manera creciente. Además, desde el 91 han sido frecuentes los gobiernos sin mayor gobernabilidad, por la ausencia de mayorías políticas que los respalden, lo que afecta profundamente la gobernanza. El sistema parlamentario o cuasi parlamentario debería estudiarse entre nosotros.

El Congreso, como las demás corporaciones, tiene una preocupante falta de favorabilidad en la opinión. La democracia representativa parece un enfermo terminal. ¿Alguien duda de la urgencia de acabar con las asambleas y los concejos y dar paso a un Congreso que nos represente a todos, más pequeño, cuyo control político no se permute por canonjías y cuyas leyes sean de excelencia? Ni qué decir de la justicia, que no les llega a los colombianos de a pie y es hoy otro poder público disfuncional, sin reforma hasta ahora posible.

La vía para resolver estos problemas es una constituyente limitada en sus funciones. Algunos prefieren correr el riesgo de que estas enmiendas se hagan como resultado de las revueltas. Entonces no serán remiendos, sino profundas cirugías que le den golpe de Estado a la democracia: perpetuación en el poder, congresos de bolsillo y cooptación de la justicia. ¿Por qué esperar?

Taponazo. Después de que el Congreso Admirable aprobó que Bolívar se hiciera a un costado, este inició su retiro de la vida pública, con enorme dignidad...

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

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