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¡Berraquera!

¡Berraquera!

Los ciudadanos se llenan de desesperanza y reclaman porque el Estado de derecho no funciona.

08 de mayo 2021 , 11:02 p. m.

Lo que ha pasado en los últimos días en Colombia demanda una lectura apropiada. A pesar de nuestras falencias como democracia y sociedad, hasta hace muy poco nos veíamos como una gente tenaz empujando por el desarrollo colectivo, y se nos conoció entre los países más felices del mundo. ¿Qué nos pasó? ¿Todo cambió por un proyecto de reforma tributaria?

Claro que no. De hecho, el desorden ha continuado y la violencia se salió de madre, luego de que el Presidente retiró la iniciativa. Enseguida, los dirigentes del paro, sin sonrojarse, plantearon otra agenda de reclamos. En sus ‘alocuciones’ y desde sus cuarteles, ahora piden de todo: derogar la tributaria del 2019, retirar la reforma de la salud, crear una renta básica e, inclusive, desmontar el escuadrón antidisturbios. Todo es solo un pretexto para seguir adelante con la protesta, de suerte que sus ejércitos del caos continúen haciendo de las suyas.

Son muchos quienes hoy se sienten utilizados. Salieron a expresar legítimamente su inconformismo, pero no sabían que detrás de ellos venían mercenarios armados, bien pagos con dineros ilícitos, que están al servicio de los extremistas ideológicos que financian una revolución que busca derrocar nuestro sistema de valores y nuestra democracia. En eso andan en América Latina a partir de la revuelta. Al comienzo exhiben su poder anárquico, gritando consignas injuriosas y destruyendo bienes públicos y locales comerciales. Luego escalan la confrontación, exhibiendo su organización y su poder destructor, con disciplina y estructura de milicias.

Destruyen edificaciones públicas y privadas. Intimidan a la población mostrando sus capuchas y sus armas en los barrios de las grandes ciudades. Se toman estratégicamente las vías públicas para impedir la movilización y lograr el desabastecimiento. Buscan la confrontación con la autoridad para que haya heridos y así lograr, gracias a su beligerante diplomacia, que la prensa y la comunidad internacional censuren los denominados excesos de las fuerzas policiales, sin recabar en la violencia contra estas, con el propósito de inhibir su acción en defensa de la población y representar a nuestras instituciones como parte de un Estado autoritario y opresor. Toda una estrategia perversa para dejar inerme a la sociedad.

En este contexto, los ciudadanos se llenan de desesperanza y reclaman porque el Estado de derecho no funciona. Así, la abulia y la zozobra se extienden. Eso es justo lo que persiguen. Nadie puede llamarse a engaño. Con el caos que promueven profundizan el desempleo, la crisis social y la desinstitucionalización. Buscan el poder creando condiciones para que se llegue a un cambio abrupto y para que el miedo que genera toda esta situación sea superior al miedo que generan ellos mismos en nuestra sociedad. Por eso seguirán el proceso de desestabilización hasta que logren su cometido. En Chile, por ejemplo, arrancaron con las marchas en octubre de 2019 y ya van en el cambio de la Constitución.

Tenemos que oír el reclamo ciudadano. Pero frente a las acciones vandálicas que buscan la disrupción de la vida cotidiana, hay que actuar con entereza y seguir adelante, produciendo y trabajando


Por supuesto que tenemos que oír el reclamo ciudadano. Tramitar institucionalmente las demandas sociales y lograr recursos para atender los distintos desafíos. Pero, fundamentalmente, debemos tener presente que frente a las acciones vandálicas que buscan la disrupción de la vida cotidiana para sembrar el desbarajuste colectivo hay que actuar con entereza y seguir adelante, produciendo y trabajando.

La entrega contribuiría a multiplicar el desconcierto. Sería el triunfo de los extremistas, a quienes hay que enfrentar de la mano de la ley, sin violencia, desenmascarándolos ante la autoridad, hasta llegar a sus cabecillas. Para ello tenemos que ofrecer información: mostrando los rostros de los violentos armados e identificando la placa de los vehículos que ocupan las vías, para promover su confiscación y extinción de dominio. No es con resistencia pasiva, ni la llamada resiliencia, como vamos a imponernos. ¡Es con la berraquera de todo un pueblo, del lado de la autoridad y de la Constitución!

Taponazo: ¿por qué en las pasadas marchas la violencia no alcanzó los niveles a los que ha llegado en Bogotá, Cali y Medellín, en tiempos de Peñalosa, Armitage y Fico Gutiérrez?

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

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