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Batalla tecnológica contra la coca

Batalla tecnológica contra la coca

Lo cierto es que no hemos sido exitosos en liberarnos de la economía ilícita de la droga.

01 de agosto 2021 , 02:56 a. m.

Al inicio del posconflicto, en septiembre de 2016, advertí públicamente sobre el crecimiento exponencial de los cultivos ilícitos y solicité por escrito al ministro de Justicia de la época que se convocara una sesión extraordinaria del Consejo Nacional de Estupefacientes para evaluar la situación y adoptar una política de Estado. Allí se habría podido analizar si el camino correcto era la legalización, como se propone ahora en coro. Pero nada se hizo. El llamado de atención cayó en tierra estéril. Ni siquiera se citó al Consejo de Estupefacientes.

Así, en medio de la indolencia, en el 2017 llegamos a 207.000 hectáreas de cultivos ilícitos, principalmente en el Pacífico nariñense y caucano, en el nordeste antioqueño, en el sur de Bolívar, en la región del Catatumbo y en los antiguos territorios nacionales. Suficiente pentonita para hacer volar en mil pedazos el sueño de la paz, en los territorios de consolidación. Lo único cierto es que de allí la guerra nunca se fue.

Inundados en coca, hasta el cogote, en junio de 2018, finalmente, se reunió el Consejo de Estupefacientes. En esa ocasión se acordó la utilización de drones y orugas para fumigar con glifosato los cultivos ilegales. De ese plan, el país solo conoció el anuncio y ningún resultado. Para entonces, Colombia ya producía 900 toneladas de coca anuales.

En el 2020 alcanzamos la cifra récord de 245.000 hectáreas cultivadas de hoja de coca, con una capacidad de producción potencial de 1.010 toneladas de cocaína por año. El horror. Aparte del grave aumento del hectareaje, es muy delicado lo que han logrado los narcos en materia de productividad de las plantas ilegales. En los años noventa cada mata producía dos cosechas al año, hoy alcanzan, en promedio, cuatro, y en algunas zonas del país, hasta siete cosechas anuales. La inversión en tecnología es parte de la estrategia rentística de la mafia.

No es posible que mientras los narcos apelan a la tecnología agrícola para aumentar la productividad de la planta de coca, ahora que se ha encontrado su genoma la sociedad se quede de brazos cruzados

Dígase lo que se diga, lo cierto es que no hemos sido exitosos en liberarnos de la economía ilícita de la droga y de la amenaza permanente de los carteles, grandes, medianos y pequeños. Las cifras son escandalosas, y el ‘boom’ que se experimenta está causando estragos en lo económico, en lo internacional y en el orden público del país.

¿Será posible que, en este escenario, la claudicación sea el camino correcto, aceptando la legalización del cultivo, la fabricación y la comercialización de la droga, mientras tales actividades siguen siendo criminales en el resto del mundo? El chauvinismo que alimenta esta tesis, de extrema soberanía, no puede dar para tanto. Este paso sería inviable a contrapelo de la comunidad internacional, que en tal caso nos daría el trato de una nación paria.

Como van las cosas, no hay tiempo para seguir lucubrando. Suficiente con el daño que han hecho al atravesarse a la aspersión aérea. Corresponde, entonces, en forma definitiva, apelar a los mismos instrumentos de los narcos para derrotar los cultivos ilegales. No es posible que mientras ellos apelan a la técnica y a la ingeniería agrícola para aumentar sus ganancias, la sociedad se quede de brazos cruzados y no invierta en investigación para combatirlos.

Tenemos que celebrar que, gracias a años de trabajo, los centros de investigación identificaron recientemente el genoma de la planta de coca. Con esta información genética, estamos a un pelo de poder desarrollar inhibidores para bloquear la biosíntesis de cocaína directamente en la planta, dejando de lado el efecto de los herbicidas de amplio espectro. Este objetivo científico debe considerarse un tema de seguridad nacional, cuyo desarrollo debería obtener de inmediato el interés de la cooperación internacional. ¿Tampoco lo hacemos?

Taponazo. Gustavo Bolívar afirma que solo ha militado en dos partidos: “El Liberalismo con Galán y Parejo, y hoy en el Mais”. Pero el carné que publica es del liberalismo oficialista y en el 2010 adhirió a la campaña de Germán Vargas, como parte de Cambio Radical.

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

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