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Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Algo muy grave va a suceder en este pueblo

En las presidenciales que se avecinan podrían ganar ciertos sectores del radicalismo de izquierda.

La historia a la que me refiero es macondiana, pero no salió de la pluma de nuestro nobel. La escriben caracterizados sectores de la extrema, matriculados en el Foro de São Paulo, que representan la nueva izquierda revolucionaria de América Latina.

Su propósito no se limita a gobernar los países del continente de los que ya se apropiaron. Ahora han decidido ir por la joya de la corona: un país cuya institucionalidad y sistema económico son modelo en la región, cuyo PIB ha crecido sostenidamente y sin volatilidad desde las reformas estructurales de finales del siglo pasado, que sin pandemia disminuyó el desempleo a un dígito, cuya edad de vida probable se ha aumentado radicalmente y que logró reducir sensiblemente la pobreza extrema por encima de los resultados del vecindario.

Para imponer su ideario socialista y desmontar el sistema político y económico liberal que ha engendrado todos estos frutos, se dieron a la cruel tarea de destruir la institucionalidad, cuestionar el modelo económico, llamar a la desobediencia civil, generalizar la zozobra y destruir la esperanza, particularmente entre la juventud.
Inicialmente se concentraron en atacar todas las instituciones, con énfasis en las de mayor reputación colectiva. Al ejército lo llevaron a las portadas para juzgarlo por corrupción y por las violaciones de los derechos humanos del pasado. Señalan a la Iglesia como una cueva de pederastas impune. Pusieron a la policía a confrontar hordas de manifestantes en revueltas de orden público que ellos mismos convocaron, para luego denunciar atropellos a la población civil. Al fiscal general le montaron la fantasía de servirle a un grupo empresarial y promovieron su destitución en el 2018. A cada uno de los principales dirigentes políticos y empresariales les construyeron una historia de descrédito, para generar odio entre la sociedad. Y, claro está, al poder presidencial le apuntan desde todas las trincheras.

Para ellos, la política pública sobre los bienes y servicios públicos y, en general, sobre la economía solo ha engendrado mayor pobreza y mayor desigualdad. Es decir, los dividendos sociales de estos años son fruto de la divina Providencia. Todo hijo del libre mercado es satánico, empezando por las grandes empresas y los inversionistas extranjeros. Persiguen a los fondos privados de pensiones, porque saben que allí se conservan enormes sumas de dinero sagrado, con el que podrían alimentar su festín de derroche, corrupción y populismo. En la capital convirtieron en símbolo de su descontento el sistema de transporte masivo. Y, no obstante la calidad y cobertura de la educación, han movilizado a los estudiantes. En fin...

Lo cierto es que están avanzando con su retórica de deconstrucción. Han sido exitosos en la organización de bodegas que construyen perfiles inexistentes y noticias falsas; utilizan el apoyo de servidores agazapados en las instituciones que dicen combatir; profundizan su estrategia con la colaboración de algunos medios de comunicación y ONG, y hacen un uso eficiente de las redes sociales. Por ejemplo, está claramente establecido que en las protestas callejeras de hace más de un año, buena parte de los mensajes anarquizantes que circularon tuvieron origen en países entregados hoy al comunismo.

En este entorno, y gracias al desastre de la pandemia, en las elecciones presidenciales que se avecinan podrían ganar estos sectores del radicalismo de izquierda. Si ello ocurre, recordaremos el célebre cuento de García Márquez del que es protagonista una anciana que profetizó: “Algo muy grave va a pasar en este pueblo”. Y ocurrió. Porque la gente de esa aldea se dejó arrastrar por un efecto de masas, sin preguntar ni discernir.

Coletilla. Omití al inicio precisar que me refiero en un todo a la situación política, económica y social de la hermana República de Chile.

NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA

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