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Sorpresas que depara la ciencia

Sorpresas que depara la ciencia

Tres ejemplos tecnológicos adicionales para reducir gases de efecto invernadero.

26 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

El cambio climático global es el problema más serio que enfrenta la humanidad. Se han propuesto muchas acciones políticas para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, y cada país tiene su programa para contribuir a la descarbonización y al reemplazo de energías generadas por combustión por otras alternativas, más limpias. Algunos ‘biempensantes’ proponen que se extinga la especie humana. Esa es una solución bastante mediocre.

Los ambientalistas rara vez toman en cuenta las sorpresas que nos depara la ciencia. Coincido en que es difícil introducir en las ecuaciones algo que todavía no existe, pero, sin duda, de ahí vendrán las soluciones. Lo siento por Greta Thunberg, pero en la historia ocuparán un lugar más importante los jóvenes que sí siguieron asistiendo a clases y luego inventaron tecnologías novedosas. Acá traigo tres, extraídas de las noticias de las últimas semanas.

En 1941, Isaac Asimov escribió el cuento de ciencia ficción Razón. Algunos personajes eran robots que empezaron a pensar independientemente. El lugar era una estación espacial que captaba la energía del Sol y la enviaba a unas antenas en la Tierra. Hace dos semanas, un documento de la Agencia Espacial del Reino Unido reportó un proyecto de 16,3 billones de libras esterlinas para convertir en realidad esa idea. Para el 2039, si todo marcha bien, habrá una cadena de satélites con paneles solares en la órbita geoestacionaria. Cada uno pesará unas 2.000 toneladas, con paneles de 1,7 km de largo. La energía será transmitida a una inmensa antena, en forma de telaraña, donde se transformará en electricidad. En el espacio no hay nubes, y la cadena estará siempre parcialmente iluminada mientras gira. Estados Unidos, Japón, China y Rusia adelantan proyectos similares.

Hace unos pocos días llegó una noticia extraordinaria del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en California. Un experimento de fusión nuclear promovido por rayos láser de alta energía liberó, por nanosegundos, una cantidad de energía cinco veces superior a la invertida. Parece un detalle técnico menor, pero es un dato revolucionario. Hay varios reactores de fusión construyéndose en el mundo, pero no se ha resuelto bien el llamado problema de la ignición. Esos reactores deben producir plasma a temperaturas de cientos de millones de grados, pero el evento que produce la energía de arranque no había sido logrado. Este experimento demostró que es posible. Si se hacen realidad, esos reactores generarán toda la energía que necesite la humanidad mientras exista, y sin contaminación.

Algunos ‘biempensantes’ proponen que se extinga la especie humana. Esa es una solución bastante mediocre.

Otra estrategia para disminuir los gases de efecto invernadero de la atmósfera es atraparlos en un sólido. Se están desarrollando fábricas para convertirlos en ladrillos. Hace pocas semanas, un trabajo muy interesante abrió otra posibilidad. Un equipo de geología descubrió en Omán un yacimiento inmenso de un mineral llamado peridotita. Lo curioso es que cuando el agua la atraviesa, esa roca atrapa todo el CO2 disuelto en ella y lo convierte en un carbonato cristalino. Ese yacimiento petrifica espontáneamente 100.000 toneladas de CO2 al año. Si se le hiciera pasar agua de mar, sería una trampa eficiente. Así, de la atmósfera al mar y del mar a la roca, el yacimiento de Omán podría captar 250 veces el CO2 producido por los humanos desde 1850. Hay más yacimientos en el mundo; así que la captura es otra opción real para remediar el daño.

Son tres ejemplos tecnológicos adicionales para reducir gases de efecto invernadero. Se pregunta uno qué papel jugará Colombia. ¿Pasaremos de vendedores de petróleo a compradores de energía? Los esfuerzos que hagamos en ciencia básica, y en el desarrollo de tecnología, serán cruciales para definir nuestra economía y el bienestar de la sociedad del futuro.

MOISÉS WASSERMAN
@mwassermannl

(Lea todas las columnas de Moisés Wasserman en EL TIEMPO, aquí)

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